Natalia Díaz

Natalia Díaz

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Jueves 12 Julio, 2018

Luchar contra aplicaciones tecnológicas

Conforme avancen el conocimiento, el desarrollo del ciberespacio y la llegada de nuevos métodos de negocios en red, más incontrolables serán, para un Estado interventor y regulador, las actividades que los ciudadanos realizan en su quehacer cotidiano.

Pretender desconocer este cambio de paradigma es una muestra de absoluta falta de visión a futuro. Por desgracia, algunos gobiernos se resisten a comprender y aceptar el vertiginoso avance que disfruta la sociedad global en los últimos 25 años.

Las compras por Amazon y otras plataformas de negocios, los pagos de obligaciones y servicios en línea, las reservas turísticas a través de Airbnb, la compra y selección de música por Spotify, el cine móvil y a domicilio que brinda Netflix son competencia virtual para tiendas y comercios establecidos, hoteles, salas de teatro y cine, entre otros, y, sin embargo, no han llevado a la quiebra económica a ninguna de estas actividades establecidas con presencia física desde hace muchos años.

La competencia en el servicio remunerado de personas tampoco será la excepción. Cabify, Uber, EasyTaxi, también son aplicaciones que están ya en abierta pugna comercial por captar transporte de personas de un sitio a otro. La labor del Estado es promover la sana participación de varias empresas en las diversas actividades de negocios que enriquecen la actividad económica del país.

El gobierno no debe tomar partido ni favorecer grupos de presión que originen monopolios, ni mercados cautivos para enriquecer a unos y empobrecer a otros. Todo lo contrario, su función es y debe ser la creación de condiciones para que todos podamos emprender, producir, generar empleos, trabajar en paz y libertad. Solo así podremos salir del estancamiento que nos impide reducir los índices de pobreza y desempleo, indicadores que llevan años de mantenerse invariables.

Luchar contra el uso de plataformas tecnológicas virtuales no tiene sentido; es una guerra que tarde o temprano se perderá. Quienes no comprendan que estamos ante una verdadera revolución del discernimiento y de la mente, quedarán rezagados en el vendaval del apresurado desarrollo que estamos viviendo.