Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 13 Noviembre, 2014

El Jefe de Estado visitó la zona inmediatamente golpeada (por la erupción del volcán Turrialba). Una gran comitiva lo acompañó


De cal y de arena

Los riesgos del Turrialba

El escenario de riesgos es similar al que vivimos entre 1963 y 1965 con el Irazú. Desde hace varios años el volcán Turrialba está “hablando”. Aunque es dificultoso su lenguaje de señas, los vulcanólogos —dentro de las limitaciones del caso— dejan ver esta proyección de su comportamiento.
¿Lo estamos asumiendo así? Las más cercanas referencias históricas provienen de la intensa actividad que tuvo entre 1864 y 1866 cuando esparció masivos volúmenes de ceniza. Reanudó sus erupciones en 1996 en forma de pequeñas fumarolas que fueron incrementándose en frecuencia, densidad y alcance geográfico: grandes cantidades de vapor de agua, gases magmáticos y partículas de material (sobre todo azufre nativo) han afectado muchas tierras otrora feraces.
Hay fincas donde hoy la flora, la fauna y el ambiente prácticamente han sido arrasados, con grandes pérdidas, y la presencia humana desplazada. Quienes estamos afincados en los círculos de influencia cercanos al Turrialba, reconocemos el diligente y valioso trabajo del OVSICORI, la Red Sismológica Nacional y el Servicio Meteorológico Nacional, tanto en la recopilación de información como en su disposición a los habitantes de aquellas áreas de directa afectación.
En años pasados se nos convocó a sesiones informativas para instruir y aconsejar en este asunto en el que tan expuestos estamos a las imponderables del comportamiento de la naturaleza.
Quizás no todos los residentes de aquellas tierras han tomado en serio el significado de las amenazas del volcán, como lo ha comprobado la Comisión Nacional de Emergencias. Tampoco se ha dado la indispensable diligencia de las oficinas del gobierno central ligadas a tan espinoso asunto.
Días atrás el Jefe de Estado visitó la zona inmediatamente golpeada. Una gran comitiva lo acompañó, los ministros de Obras Públicas y de Agricultura incluidos. En el manojo de acciones que sí están al alcance del hombre, don Luis Guillermo seguro que constató el gran rezago que se registra en el tema de las tareas obligadas y prometidas por las oficinas públicas, en particular caminos y carreteras vitales, la red hospitalaria y asistencia técnica agropecuaria, rigurosamente necesarias para responder a la crisis.
La verdad es que hace años ningún gobernante aparece en ese primer anillo de influencia del Turrialba para constatar las grandes omisiones en las tareas prometidas y el alto grado de afectación perniciosa que ello ha generado. Destruida como está la vía que da salida a Pacayas a los poblados de ese anillo del Turrialba, es confirmación de la negligencia gubernamental en grado propio de figura delictiva, como lo dejó ver la perplejidad del Ministro de Obras Públicas enterado de la existencia de un contrato para la reparación del camino del que no se ve huella. Inmediatamente exigió cuentas. Más que esos desplazamientos multitudinarios y de efectos mediáticos, hacen falta las visitas de inspección propias de don León Cortés para verificar si se marcha a tono con las secuelas del tipo y magnitud de la actividad explosiva del Turrialba.

Álvaro Madrigal