Humberto Pacheco

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Martes 27 Mayo, 2008

TROTANDO MUNDOS
Los 60 Años de Israel

Humberto Pacheco

Para quienes los vivimos y los podemos ver “hacia atrás” es fascinante ver tanto evento que está cumpliendo 60 años. Entre estos, Israel, un país con el que los costarricenses hemos sido tan solidarios (este columnista se jacta de haber sido amigo de su gran héroe y ex-Presidente Ezer Weisman), producto de nuestra vocación democrática y humanitaria, los está celebrando.
Durante este período, sus habitantes, venidos de todos los confines geográficos, han creado una sociedad próspera en la que no sólo destacan los logros en las ciencias sino también en la agricultura, actividad que junto con la guerrera hubieron de aprender muchos de sus pobladores cuando llegaron al Medio Oriente.
Sin embargo, pese a una bonanza económica y científica, sus problemas han ido acrecentándose, en vez de resolverse. Parte de esto proviene de afuera, de sus vecinos árabes, con los que no ha podido enterrar el hacha por la falta de una solución duradera con los palestinos, pero la otra, más silenciosa y silenciada, se viene desarrollando a lo interno.
La sociedad israelita ha tenido que lidiar con una dualidad conflictiva, pues sus ciudadanos lo son preponderantemente en razón de la religión judía, pero también por los medios convencionales de nacimiento, locus et sanguinis. De ahí que los israelitas árabes, juego de palabras que pareciera inverosímil, estén siendo discriminados. En casi todos los países se es nacional únicamente por medios políticos, sea que se nace allí (jus solis) ó porque se tiene uno ó los dos padres de esa nacionalidad (jus sanguinis). En Israel, la diferencia religiosa exacerba el problema, pues para salvar la religión judía sus ciudadanos árabes han de ser discriminados y por salvar la institucionalidad, se podría estar poniendo en peligro la seguridad y el objetivo original que fue brindarle a los judíos una patria común (Eretz Israel).
Esta diferencia se acentúa debido a la pluralidad extrema de la sociedad israelita judía, que cobija desde el extremismo ultra-ortodoxo (miserable tendencia humana a los extremismos, los mayores culpables de la guerra en la historia), hasta la liberalidad religiosa. La fuerza predominante de los primeros ha causado una situación que, de no ser resuelta satisfactoria y oportunamente, podría ser más dañina para Israel que cualquier ataque de misiles iraníes.
Israel no escapa a las realidades de toda sociedad- pobres y ricos. Como El País de Madrid nos describe, es “un tenso tapiz étnico compuesto por judíos y por una importante minoría árabe relegada, por una prolífica comunidad ultra-ortodoxa que vive de subsidios estatales, y por nacionalistas religiosos que defienden una corriente mesiánica del sionismo, por una inmigración rusa de calidad y una comunidad etíope marginada, por judíos orientales que siguen luchando por incorporarse a la clase media y askenazíes acomodados, y por un centro rico y una periferia pobre, …[y por una] carga del gasto militar [que] está menoscabando gravemente las inversiones del país en educación e investigación científica.”
De todos, su mayor problema podría resultar ser la relegación de sus ciudadanos árabes. Como bien dice el International Herald Tribune, los israelitas árabes no van a celebrar estos 60 años; ese 1.3 millones de israelitas se sienten cada vez más marginados. Y están exigiendo una nueva identidad para Israel que la lleve a ser una nación más del concierto de naciones y no una nación encerrada en sus fronteras en la que sólo los ciudadanos judíos tengan acceso la tierra.
Bien señala su ex–Ministro de Relaciones Exteriores Shlomo Ben-Ami, en un abrazador artículo, que es urgente alcanzar un acuerdo con los palestinos. Mientras tanto Ethan Bronner, escribiendo en el Internacional Herald Tribune, sin objetar esa visión enfatiza que cualquier conflicto grave de Israel con sus propios ciudadanos árabes podría resultar de mucho mayor trascendencia.
Más que felicitarlos en su sesenta aniversario, les deseamos que les llegue al fin esa paz tan esquiva.

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