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Urge la voluntad política para desentrañar intereses particulares y corregir la mala administración de la Caja volviendo su funcionamiento a la decencia, eficiencia y eficacia

Lo que falta es decencia

Queda claro que existen intereses particulares que pretenden socavar los cimientos de la Caja Costarricense de Seguro Social. Lo confirma el propio Viceministro de Salud en artículo por él firmado y publicado por este medio el viernes anterior.
Reconoce también ese artículo que hoy la organización institucional no es la adecuada y que tiene un poco eficiente funcionamiento, a pesar de que constituye, en sociedades como la nuestra, un modelo imprescindible para prevenir y atender la enfermedad.
Debemos agregar que en sociedades desarrolladas también debería contarse con un sistema de salud como el nuestro, bien manejado para dar un excelente servicio, ya que de otro modo, como se sabe, lo que ocurre en ciertos países es inadmisible: la gente muere por falta de atención médica, ya sea por no contar con un seguro médico porque su condición económica no le permite pagar el alto costo que tiene, o porque el seguro con que cuenta no le cubre la enfermedad que lo ataca.
Volviendo a las reflexiones del Viceministro, hace él un recuento histórico de algunos de los males que han venido consolidándose en la institución porque los encargados de atenderlos no cumplieron su deber.
Es decir, que una entidad de tan alto valor para el país funciona mal y da un mal servicio, por el incumplimiento y mala gestión de muchos y los intereses particulares de otros que quieren destruirla.
No alcanza este espacio para volver a enumerar los males citados por el señor Viceministro, pero el lector los puede repasar en LA REPUBLICA del viernes pasado. Lo importante es decir que está clarísimo que lo que hace falta aquí es la voluntad política para desentrañar intereses particulares y corregir la compleja maraña de mala administración de recursos económicos, materiales y humanos existente en la Caja, volviendo su funcionamiento a la decencia, eficiencia y eficacia.
Pero esto hay que demostrarlo en la práctica, no con retórica. Ejemplo: los ¢1.400 millones perdidos por medicamentos vencidos, mal almacenados y mal gestionados, dado a conocer por este medio hoy, se deberían utilizar en la compra de más y mejores productos. También se deberían adquirir los equipos necesarios en vez de pagar servicios a entidades privadas por ellos. La lista de mala administración es interminable.
Hay que cobrar a quienes le deben gigantescas cifras a la Caja en cuotas obrero-patronales. En estas indecentes y vergonzosas listas están el gobierno y la empresa privada.
Señores jerarcas de la Caja (anteriores y actuales), en ustedes recae la responsabilidad y el deber de iniciar acciones inmediatas para revertir esta destrucción.


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