Arturo Jofré

Arturo Jofré

Enviar
Viernes 15 Marzo, 2013

El país ha abandonado a Limón y esta ciudad-puerto se ha abandonado a sí misma. Los dispersos y efímeros líderes de la provincia no han tenido la suficiente fuerza para influir con éxito


Limón: ¿Cuál fue tu pecado?

El Caribe es un nombre enigmático, potencialmente un imán poderoso en la mente de millones de habitantes de casi todo el mundo. La naturaleza y la leyenda generaron un gran tesoro. Pero Limón está en picada… y pocos parecen estar atentos.
¿Qué puede hacer más daño a una zona turística que la inseguridad? No hay belleza natural o cultural que tenga la fuerza de atraer turismo en un clima donde la criminalidad abunda.
En las últimas semanas fueron asaltados, amarrados y amordazados los turistas de seis hoteles entre Cahuita y Manzanillo.
El asalto del primero debió haber sido una alerta, pero no lo fue. Esas noches de terror pueden traer consecuencias muy negativas para esta bella zona.
Limón forma parte de esa Costa Rica a la que no le ha llegado su hora. En un pasado no tan lejano Limón compartió la pobreza digna y esforzada que cubría a gran parte del territorio nacional.
Alfred King, quien hace 63 años inició los carnavales de Limón, conversando con el periodista Camilo Rodríguez, le relata que esta “era una ciudad limpia, tranquila, amorosa y trabajadora, una ciudad sin miedo.
En cambio, ahora da vergüenza nuestra querida ciudad”. La gran mayoría de los limonenses, gente buena y esforzada, no merece esto.
¿Por qué da vergüenza? Tal vez porque sus seis municipios se ubican entre los 25 peores del país: doblemente rezagados, tanto por las condiciones de vida de su gente como por la deficiente gestión municipal, de acuerdo con indicadores con que trabaja el Estado de la Nación.
Tal vez porque tiene casi un 30% de los hogares viviendo en la pobreza y en la pobreza extrema, cifras muy por arriba del promedio nacional.
Tal vez porque la región Huetar Atlántica tiene los indicadores más altos del país en rezago educativo y en la deserción de sus jóvenes. Tal vez por la alta tasa de hechos delictivos.
El país ha abandonado a Limón y esta ciudad-puerto se ha abandonado a sí misma. Los dispersos y efímeros líderes de la provincia no han tenido la suficiente fuerza como para influir con éxito dentro y fuera de Limón, como para generar proyectos realistas que lleguen a ser parte de la agenda nacional, como para unirse en torno a una bandera de desarrollo en el mediano y largo plazo. Los grandes proyectos siempre quedan en el diseño o inconclusos.
Hay una grave enfermedad que ataca a veces a las personas, a las empresas, a las ciudades, a los países y a los imperios: la propensión a la autodestrucción. No se necesita de enemigos externos. Aquí hay un enorme desafío para el país y para los limonenses.
La última vez que estuve con familiares y amigos del exterior en Cahuita, Puerto Viejo y Manzanillo, nos alojamos en un cómodo y solitario hotel, inmerso entre el mar y la selva. Al poco tiempo fue derribado por orden de la ley… y el dueño falleció de pena. Una extraña forma de construir y destruir, de permitir y denegar, de carecer de un robusto plan de desarrollo.

Arturo Jofré

[email protected]