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Viernes 13 Febrero, 2009

Letra muerta


Existen países en que los peatones cruzan las calles por las esquinas, donde los conductores andan sobrios y en autos en perfectas condiciones; pero estas buenas costumbres no nacieron de leyes estrictas que fueron impuestas y acatadas en el acto, sino que son parte de su identidad cultural.
Cosa curiosa es la cultura, pues siempre existe una escrita y otra vivida, y lograr que ambas concuerden puede ser una tarea descomunal. Hace ya algunos años que se nos ocurrió prohibir arrojar basura a las calles y sin embargo no vemos que esto deje de pasar o que se multe a los infractores.
De manera inocente, algunos creen que la puesta en vigencia de una ley rigurosa cambiará nuestra cultura. Otros, un poco más realistas, sostienen que el castigo de las multas hará el milagro, pese a que este tipo de reforzamiento negativo generalmente produce el efecto inverso antes de tener éxito.
¿Será que vivimos en una nación cuyo desarrollo moral es tan pobre que requerimos un policía a nuestra espalda para comportarnos de manera correcta? Si bien la renovada Ley de Tránsito incluye procesos de capacitación para los infractores, preocupa el riesgo de que se conviertan en absurdos requisitos de fácil violación, como lo han sido los exámenes médicos para la licencia; o que se tornen en procesos de socialización tan burdos como nuestras cárceles. Es poco probable cambiar la cultura de un pueblo, o el desarrollo moral de una persona con una capacitación, por más buena que sea.
Espero estar equivocado y percibir un cambio en nuestras calles a mediano plazo, pero sin tratar de ser negativo, creo ilusorio suponer que la ley hará la magia que cambie la parte más vergonzosa de nuestro ser costarricense. La represión puede ser una medida apremiante y desesperada, pero no dejemos que se convierta en nuestra respuesta definitiva.


Rafael León Hernández
Psicólogo