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Lunes, 17 de diciembre de 2018



COLUMNISTAS


Leche y galletas

Natiuska Traña [email protected] | Martes 20 febrero, 2018


Leche y galletas

Hoy, tomándome un café con leche entera —de la vaca—, comencé a reflexionar que desde pequeños, nos recetan para merendar la combinación de leche y galletas. ¿Saludable? Quién sabe... ¿Rico? Tal vez. ¿Costumbre? Quizá... Pero como todas las cosas que hacemos o comemos, las seguimos transmitiendo de generación en generación, porque se supone que son buenas o porque ni siquiera nos sentamos a cuestionarlo. Y de repente se convierte en un estándar y está prohibido pensar distinto. Entonces nos vemos inmersos en esa maraña de comportamientos que "deben ser" que cumplimos como ovejas (no digo que como ganado porque según artículos tienen menor coeficiente las ovejas y no me quiero meter con las vaquitas que tanto iluminan mis días con bistec) limitando cualquier libertad creativa.

Vivimos una farsa en la espera de que el mundo lo arregle lo divino, que peguemos la lotería, que no tengamos que trabajar, que Dios nos dé la salud, sin embargo hacemos todo lo contrario para obtenerla y supuestamente estamos haciendo lo correcto y cada día somos más infelices.

Entonces a algunos se les ilumina el bombillo y deciden que van a merendar “leche y sorbetos” o “jugo de manzana y sándwich”, algunos “birra y chifrijo”. Sintiendo el mayor grado de individualidad u originalidad, salen al mundo con su nueva merienda, donde de repente chocan con el universo Pozuelo y Dos Pinos, haciéndolos huir despavoridos a la casa, para sacar las cremitas con la cajita tetrabrick, porque hay que seguir viviendo y encajando como corresponde. A todo esto, a nadie le importa si usted no tolera la lactosa o el gluten y por comerse la merienda aceptada termina en el hospital.

¿Por qué nos cuesta ser tolerantes y simplemente no meternos en los asuntos de los demás? Principios básicos, mi libertad termina donde comienza la del otro. Si el dolor de panza le da al vecino por el chifrijo con la birra, no es como que a mí me va a doler la cabeza o que se me va a morir el perro por las flatulencias del señor; tampoco las zanahorias y el apio del vegetariano, van a llegar en la noche gritando para causarme pesadillas. No obstante, para lo que nos quejamos y la importancia que tiene lo que hacen los demás, pareciera que fuéramos los afectados directos. Creo que sería importante para 2018, como propósito ser un poco menos entrometidos, más libres, creativos y hacer lo que nos haga felices. Quizá después de esto se cuestionen si son “leche y galletas”, la merienda que les van a dar a sus hijos.


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