Arturo Jofré

Arturo Jofré

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Viernes 24 Junio, 2011


Lecciones de un fraude financiero


Una multitienda valorada en 2010 en US$1.800 millones, de una trayectoria de medio siglo, con 1,2 millones de clientes, con un fuerte crecimiento, de pronto aparece con un fraude de grandes proporciones. No importa donde ocurra, deseo compartir este caso porque ninguna sociedad está exenta de una crisis de este tipo y los consumidores estamos vinculados a diario con este tipo de grandes emporios.
¿Cómo ocurrió esto? La empresa emite sus propias tarjetas de crédito y hace más de seis años empezó a recalificar los créditos morosos y a hacer arreglos de pago, lo que le permitió que la morosidad bajara y los incobrables se convirtieran en créditos activos. El fraude toma forma porque los arreglos de pago los hacían unilateralmente, es decir, nunca los clientes supieron de los mismos. De pronto hubo clientes que veían incrementarse sus deudas en diez o más veces su monto original. Al descubrirse el fraude, se estima que su monto se eleva a US$1.000 millones. Las multitiendas pueden vender lo que sea, pero en el fondo sus ingresos provienen en gran medida de los altos intereses que genera el crédito. Son bancos camuflados.
¿Dónde estaba el directorio de la empresa? Los directores, quienes tenían buena formación y experiencia, fallaron en identificar como señala un analista que los incentivos a corto plazo a los ejecutivos eran de la misma naturaleza que los que hundieron el sistema financiero norteamericano. Los controles y la auditoría interna fallaron estrepitosamente.
¿Dónde estaba la firma de auditoría externa? Tanto el directorio como la firma internacional PwC, concentran las mayores críticas. Al estallar la crisis PwC cedió su puesto a Ernst & Young. Una auditoría, tanto interna como externa, debe realizar muestreos aleatorios para certificar si la información es certera y asegurarse que la empresa tenga un adecuado sistema de control interno.
La firma de auditoría externa entregó un informe “limpio” respecto al ejercicio 2010, es decir, sin salvedad alguna.
¿Dónde estaban las firmas clasificadoras?
Una vez más las clasificadoras llegaron tarde. Solo actuaron y bajaron la evaluación de la firma cuando estalló la crisis.
Se parte de la premisa que estas entidades informan oportunamente sobre la solvencia y perspectivas de las empresas que clasifican, dado que esa información es clave para tomar decisiones en el mercado, pero una vez más esto no ocurrió.
¿Dónde estaban los corredores de bolsa y otros interesados? Hasta el día de la crisis las corredoras de bolsa recomendaban a sus clientes invertir en la empresa citada.
Los bancos eran los que proveían de crédito a la multitienda, a fin de que esta lo colocara entre sus clientes a tasas de interés muchísimo mayores. Ninguno evaluó el riesgo de no pago de los créditos. Entre los inversionistas están las empresas que administran fondos de pensiones, las que tienen US$350 millones en bonos, pero nunca captaron nada. Saque usted sus propias lecciones.

Arturo Jofré
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