Nuria Marín

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Lunes 5 Septiembre, 2011


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Lecciones de Irene


“Hay que prepararse para lo peor, esperando lo mejor,” esta popular frase utilizada en el idioma inglés revela en pocas palabras el espíritu vivido en la Costa Este con motivo del paso del huracán Irene.
Es prematuro cuantificar los daños causados por Irene, pero hay que reconocer que si bien hay dolor en muchas familias por la pérdida de sus seres queridos, 2,5 millones aún están sin luz y ha ocasionado daños que algunos anticipan podrían fácilmente superar los $10 mil millones, la verdad es que la realidad por muy dura que sea, fue poca para el armagedón que pudo ser.
La Costa Este reúne en una pequeña extensión, ni más ni menos que un sexto de la población total de Estados Unidos y es fuente del 25% de la producción total del país. Se trata además de una población, que a diferencia de los estados vecinos del Golfo de México o de Florida, no tenían experiencia previa por ser los huracanes poco comunes en la región.
Me encuentro en Manhattan, Nueva York, el territorio más densamente poblado del país, y es increíble pensar que la hoy soleada ciudad y con su “business as usual” simplemente escapó de lo que pudo resultar en una de sus peores catástrofes, icónico significado en vista de la cercanía de la celebración del décimo aniversario del 11 de setiembre.
En los días previos a la llegada del huracán fue realmente impresionante ver a los expertos corriendo proyecciones en cuanto a los potenciales daños dependiendo de las diferentes categorías con las que podría llegar Irene al momento de contacto. Repetición, repetición, repetición fue la estrategia de los medios como el más fuerte llamado a prepararse.
Ha sido igualmente impactante y aleccionadora la movilización preventiva realizada, evacuación de cientos de miles de personas, traslado de pacientes de hospitales y asilos, cierre de carreteras, trenes, subterráneos y aeropuertos, entre otros, así como la increíble movilización de los equipos de respuesta. Por cierto aún con una ardua tarea en las próximas semanas.
En pocos días esta pequeña región del mundo ha vivido un inusual “terremoto”, un huracán y varias amenazas de tornado constituyéndose en un vivo recordatorio del magno poder de la naturaleza.
Es también un reflejo del cambio climático que hoy también golpea a Texas con temperaturas inusualmente altas y que amenazan largas plantaciones de algodón, tabaco y hatos ganaderos, cuyas implicaciones se sentirán en los mercados mundiales.
No es fruto de la casualidad tampoco que tres de los cuatro huracanes más dañinos (miles de millones) en Estados Unidos hayan ocurrido en la última década: Katrina en 2005 ($144.6), Ike en 2008 ($39.8) e Iván en 2004 ($27.5).
Que la experiencia nos sirva a los ticos, que vivimos en un país sísmico y expuesto a huracanes, para que no escatimemos esfuerzos en prevención y capacidad de respuesta y siempre recordemos la magnitud del poder de la naturaleza.

Nuria Marín Raventós