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Latinoamérica escapa a la recesión

Bogotá
EFE

Aunque Latinoamérica escapa de momento a la amenaza de la recesión económica por la crisis mundial, la situación generada en Estados Unidos, principal socio comercial de la región, sí ha afectado de manera grave a aquellos sectores clave orientados al exterior.
En contra de la hasta hace poco inquebrantable norma de que cuando Estados Unidos estornuda, Latinoamérica se resfría, mientras en el gigante del norte ya se contrajo la actividad económica en el tercer trimestre, el crecimiento de la región, aunque revisado a la baja, sigue siendo relativamente alto.
La aparente solidez de las economías nacionales, el crecimiento de los últimos años, que les permitió tener un buen colchón de reservas, y la diversificación del comercio más allá de Estados Unidos han permitido a América Latina sortear la caída del gigante norteamericano.
Sin embargo, algunos analistas alertan contra el optimismo de la zona y pronostican fuertes nubarrones.
“La crisis no va a dejar inmunes a los países emergentes, a pesar de las medidas que han tomado los Gobiernos para protegerse”, dijo a Efe el director de la Asociación de Analistas y Profesionales de Inversión del Mercado de Capitales de Brasil, Antonio Carlos Colangelo.
Según un estudio de la Fundación Getulio Vargas, de Brasil, y de la Universidad de Múnich, de Alemania, el clima económico en la región está en su peor nivel de los últimos 10 años y ha creado “un escenario que puede ser descrito como de tendencia recesiva global”.
A pesar de las advertencias, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) rebajó su previsión de crecimiento conjunto para la región el próximo año apenas medio punto, del 3 al 2,5%, y la mayoría de los países mantiene sus expectativas en torno al 4%.
Pero tanto el Banco Mundial como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) han pronosticado un 2009 “muy duro” para Latinoamérica.
Rebeca Grynspan, directora para América Latina y el Caribe del PNUD, advirtió que habrá “embates importantes sobre muchos de los motores de crecimiento que tenían las economías de la región”, como el turismo, las remesas, las manufacturas, la inversión extranjera directa y las exportaciones.
En efecto, la crisis no está pasando desapercibida en las economías latinoamericanas, cuyos primeros efectos se notaron en los mercados de valores, que desde finales del año pasado han venido cayendo vertiginosamente al ritmo de Wall Street.
Las turbulencias ya han agitado sectores como la industria, la minería o los hidrocarburos, fundamentales para no pocas economías de la región.
Es el caso del sector automotriz en México, Brasil y Argentina, en franca recesión como consecuencia de la fuerte caída de la demanda por la falta de liquidez financiera y las dificultades para obtener créditos.
En México, cuyas ventas de vehículos a EEUU fue la base de la expansión de las exportaciones de los últimos años, la producción de automóviles registró en el tercer trimestre una baja anual del 1%, después de las alzas del 7,9% en el primero y del 8,7% en el segundo.
En Argentina también es uno de los sectores más perjudicados, junto con el bancario, el alimentario y el de la construcción, por los despidos, que ya han afectado a unos 150.000 trabajadores.
Las caídas de los precios de los hidrocarburos están haciendo mella en países como Bolivia, México o Venezuela, en los que el gas (en el primero) y el petróleo (en los otros dos) son pilares básicos de sus finanzas públicas.
Y lo mismo pasa con el valor de los metales, cuya devaluación internacional amenaza a economías como las de Perú, Chile (primer exportador mundial de cobre), Cuba (donde el níquel fue en 2007 el primer producto exportable) o Bolivia (donde la caída del zinc amenaza a miles de empleos).
En tanto, en Centroamérica se teme un desplome de las remesas enviadas por sus emigrantes en Estados Unidos, que constituyen su principal fuente de divisas y el alivio de cientos de miles de familias.
A esto se añade la devaluación de las divisas latinoamericanas frente al dólar, que está influyendo negativamente en la inflación, uno de los talones de Aquiles económicos en la región.
Para Colangelo, esta pérdida de valor de las monedas se debe a la repatriación generalizada de capitales de los países emergentes por los inversores externos y la expectativa es que “sigan saliendo recursos de nuestras economías hasta mediados del año que viene”.
Varios presidentes de la región se apresuraron a proclamar la inmunidad de sus países en las primeras fases del recrudecimiento de la crisis.
Sin embargo, debieron rectificar una vez empezaron a quebrar empresas, a multiplicarse los despidos y a congelarse los proyectos de inversión como consecuencia de la escasez del crédito, e incluso algunos Gobiernos ya comenzaron a aplicar medidas de emergencia.
En opinión de Rogerio Studart, director ejecutivo del Banco Mundial para ocho naciones de la región, “las respuestas de algunos países, si bien fueron adecuadas, tomaron mucho tiempo”, uno de los motivos por los que la crisis, que calificó de “profunda”, “será prolongada”.
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