Bruno Stagno

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Lunes 16 Enero, 2012


Las fuentes de la conducta nicaragüense (II)


En una columna anterior [19 de diciembre 2011], apliqué las apreciaciones de George F. Kennan sobre las complejas relaciones entre Estados Unidos y la Unión Soviética durante la Guerra Fría al caso de las incómodas relaciones entre Costa Rica y Nicaragua. En esta ocasión quisiera citar nuevamente de los artículos “Las fuentes de la conducta soviética” y “América y el futuro de Rusia” para ilustrar lo que Kennan entendería por una política de contención hacia Nicaragua.
“En vista de lo anterior, se desprende claramente que la presión nicaragüense sobre Costa Rica puede contenerse mediante la aplicación inteligente y vigilante de una contra-presión en una serie de puntos geográficos y políticos siempre cambiantes, a tono con los cambios y las maniobras de la política nicaragüense”. La construcción de una carretera paralela a la margen derecha del río San Juan es precisamente una obra que cae dentro del rubro de la contención. Dicha obra ha sido una respuesta acertada y hay que felicitar a la actual administración por emprenderla. La refutación enérgica de todo intento de la Corte Centroamericana de Justicia (CCJ) por ejercer su competencia sobre Costa Rica es correcta y a tono con la posición asumida por anteriores administraciones. Sin embargo, la administración Chinchilla Miranda aún tiene mucho trecho que recorrer para recuperar el terreno cedido por la incomprensible política de apaciguamiento emprendida a mitad de 2010. En ese sentido, debe identificar y tener en reserva otros elementos de contención, anticipándose a otras agresiones y manipulaciones de Nicaragua.
Producto del cuestionado proceso electoral en Nicaragua, tendremos que convivir con el sandinismo durante varios años más. Pero, al igual que con la Unión Soviética, “una gran incertidumbre pesa sobre la vida política en Nicaragua. Es la incertidumbre en torno a la transferencia de poder de un individuo o grupo de individuos a otros… Han demostrado que pueden apropiarse del poder… pero el poder Sandinista trae consigo las semillas de su propio declive”. Las elecciones de 1984, 1990 y 2011, con o sin fraudes y con diferentes desenlaces para Daniel Ortega, son prueba irrefutable del corrosivo efecto que tiene el sandinismo sobre el pueblo de Nicaragua.
“Debemos suponer que los intereses nacionales de Nicaragua perdurarán en el futuro y que serán vigorosamente defendidos. Pero de un régimen que podríamos considerar como mejor al actual, podríamos tal vez esperar que lo haga en una atmósfera de sanidad emocional.” Entretanto, apliquemos la contención, y aunque la diferencia entre la cultura de unos y la incultura de otros no podría ser más abismal, el triste capítulo de las agresiones de Nicaragua en torno al río San Juan terminará igual que los planes ideados por Machiavelli y Da Vinci para desviar y canalizar el río Arno entre 1502 y 1504: “no hay más noticias que reportar salvo que el Arno sigue corriendo cuesta abajo igual que antes”.

Bruno Stagno Ugarte