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Miércoles 12 Septiembre, 2007

Las consecuencias políticas del “no” al TLC

Como muy bien dice el distinguido científico Dr. Franklin Chang, el TLC entre Costa Rica, Centroamérica y República Dominicana con Estados Unidos, como todo contrato o convenio comercial, tiene aspectos positivos o malos. El balance general, sin embargo, como lo afirmó la Comisión de Notables y lo corroboró el estudio de la CEPAL, indica que es más grave no ratificarlo, y quedar fuera de esa área de libre comercio con uno de nuestros principales mercados, que aquellos aspectos negativos. Es una importante oportunidad, dependiendo de que el país responda con energía y audacia a mayores condiciones de competitividad.
No obstante, las consecuencias políticas inmediatas amenazan ser más dramáticas, ante la posibilidad de la no suscripción del TLC. Sabido es que desde hace largo rato, el país atraviesa una crisis de gobernabilidad que le impide tomar acuerdos fundamentales e implementar cambios sustanciales. Situación que se agravó, como lo vimos en los dos últimos resultados electorales, con la caída de la confianza y la credibilidad pública. El país ha quedado dividido en tres bandos: liberacionistas, antiliberacionistas y la fuerte abstención de las últimas dos elecciones. En ese marco, el tema del TLC ha sido tomado por algunos sectores radicales para emprender una campaña sistemática contra las instituciones democráticas: desprestigio del TSE, de la Asamblea Legislativa y de la Sala Constitucional. Su objetivo es defender los intereses de cúpulas enquistadas en la Administración, las cuales tienen como feudos donde han “privatizado” muchas de las funciones estatales.
De manera inmediata, si ganara el “no” el referéndum, se produciría una pérdida del liderazgo del Dr. Oscar Arias al interior y exterior del gobierno. Se fortalecería el sector más radical del sindicalismo “politizado”, los sectores más recalcitrantes del PAC: sobre todo, los que representan Alberto Salom y el sindicalista Jorge Arguedas, que pretenderían constituirse en factores de decisión política clave. Los radicales buscarían aumentar la fuerza y virulencia de las movilizaciones callejeras, buscando arrastrar en la vorágine a masas más amplias: la “democracia de la calle” (bloqueos, paros, barricadas y huelgas) sustituiría a la democracia parlamentaria. La Asamblea Legislativa será absolutamente ingobernable, el PLN no podrá retener la Presidencia de la Asamblea, con lo cual las minorías asumirían el poder en el Parlamento. No subsistiría el bloque de los 38 votos, los partidos estarían bajo la presión de la democracia callejera. El país caería fácilmente en el caos; surgiría posiblemente un nuevo partido político de los radicales, si no es que toman el PAC. ¿Querrán los sectores moderados del PAC cargar con el enorme peso de sepultar la democracia costarricense?
Si gana el “sí”, siempre habrá dificultades políticas, pero habrá legitimidad plena y autoridad para seguir adelante, cumplir con la agenda de transformaciones y negociar con todas las fuerzas de buena voluntad por el bien de Costa Rica.


Federico Tinoco Carmona
Diputado