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Viernes, 18 de junio de 2021



FORO DE LECTORES


Las guerras que nunca debieron ser

Alberto Salom Echeverría [email protected] | Martes 25 mayo, 2021

Alberto Salom

Carl von Clausewitz, fue un militar prusiano, que vivió entre las postrimerías del siglo XVIII y principios del XIX; se convirtió en un gran teórico de “las guerras modernas”, especialmente a partir de su experiencia en las guerras napoleónicas que se desarrollaron entre 1816 y 1830. No obstante, muy pronto se van a cumplir 200 años de estas guerras, y las teorías de Clausewitz continúan teniendo vigencia y se siguen estudiando tanto en academias militares, como en escuelas de ciencia política en las mejores universidades del mundo y en Institutos de investigación sobre marketing, desarrollo de la táctica, la estrategia y otras contingencias socio políticas extraídas de los ocho tomos que escribió Clausewitz, recogidos en una colección que tituló “De la Guerra”, publicada por su esposa a solo un año de su muerte, acaecida en 1831.

Hoy me propongo aplicar algunos de los conceptos más importantes de Clausewitz a las guerras que se han sucedido entre los pueblos y autoridades israelíes frente al pueblo y las autoridades palestinas (y de otras naciones árabes de la región). En particular, me referiré a la reciente y, por ahora, breve guerra que acaban de protagonizar las fuerzas militares de Israel y principalmente la organización radical palestina Hamás. Hamás es la fuerza político militar que controla desde las elecciones de enero del 2006, la Franja de Gaza; territorio que limita por el sur con Egipto, en dirección oeste se encuentra bordeada por el mar Mediterráneo y por el este y norte tiene frontera con Israel.

Su pensamiento más difundido extraído del tratado sobre “La Guerra” (o De la Guerra), se ha resumido en la frase “La guerra es la continuación de la política por otros medios.” En realidad, lo expresado por Clausewitz es un poco más complejo; a tono con el pensamiento filosófico y político alemán. Literalmente dice: “La guerra no es simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de las relaciones políticas, una gestión de las mismas por otros medios” ([email protected]) El verdadero pensamiento del autor, como puede verse, es más denso y por ende menos simplista respecto del que se ha difundido largamente; pero es mucho más claro. La cuestión implícita es: ¿Quién manda, o quién debe gobernar durante la guerra?

De lo anterior se sigue que el cuerpo militar debe permanecer subordinado a los designios de la política, o de los políticos. Esta es la verdadera postura moral de Clausewitz: un “deber ser.” No siempre ha ocurrido así, pero es un mandato moral y pragmático a la vez. Los militares que no se han subordinado a la política, o los políticos que se entregaron a los militares, casi siempre terminaron perdiendo la guerra, sucumbidos ante sus adversarios políticos. Hay demasiados ejemplos que lo demuestran: “Remember” Pinochet en Chile, la Junta Militar argentina y la uruguaya, nacidas en la década setenta, todas las dictaduras militares centroamericanas y latinoamericanas, para mencionar solo a los pueblos “hispano hablantes”; pero podríamos seguir en un largo etcétera.

Mi perspectiva sobre las guerras entre Palestina e Israel no es tan “vulgar” como para pensar que lo justo es destruir el Estado de Israel, por más que haya resultado una imposición de las potencias capitalistas occidentales, después de la II guerra mundial 1939-1945. Especialmente resultó una imposición del Reino Unido. Así lo intentaron durante muchos años los Estados árabes aledaños como Egipto, Siria o Jordania, y buena parte de los movimientos revolucionarios palestinos que buscaron que se hiciera justicia con los cientos de miles de familias palestinas despojadas y desplazadas de sus tierras, víctimas de los nuevos asentamientos judíos en la zona.

La historia reciente demuestra que no solo no consiguieron su objetivo, sino que terminaron fortaleciendo al Estado de Israel y en no pocas ocasiones a los sectores más extremistas y racistas del “movimiento sionista.” Y esto fue así, aunque los árabes por su parte lograron recibir cada vez más el apoyo militar y político de grandes y poderosas naciones como la antigua Unión Soviética. A punta de cohetería y bala, no se ha conseguido establecer la paz y la justicia en la región del “Oriente Próximo.” Acudo de nuevo a Karl von Clausewitz y lo cito textual: “No se inicia una guerra -afirmó- o racionalmente no debería hacerse, sin preguntarse qué se pretende obtener mediante dicha confrontación y durante la misma. Lo primero es su alcance; lo segundo, su objetivo último.” Lo que no se pudo evitar tras la fundación del Estado de Israel (Decreto de las Naciones Unidas sobre la partición de Palestina), mediante la guerra árabe-palestina de 1947-48, menos se consiguió en la llamada “Guerra de los Seis Días” de 1967. Tras quince meses de guerra entre el 47-48, Israel aumenta en un 23% su territorio, más allá de lo otorgado mediante el “Decreto de Partición de Palestina” de 1947. Por otro lado, después de la “Guerra de los Seis Días” (1967), Israel arrebata a los Palestinos los Altos del Golán y Jerusalén Oriental, territorios protegidos por Jordania, y la Franja de Gaza, colindante y bajo la protección de Egipto.

Resultado neto de esa batalla, nuevamente cientos de miles, principalmente de palestinos muertos, familias desplazadas de sus hogares, que una vez más perdieron sus tierras, y por el otro lado empoderamiento de Israel de los territorios ocupados con anterioridad y en los nuevos asentamientos. A estas alturas el Estado de Israel se convirtió en un Estado militar y políticamente poderoso, sólidamente apoyado por las potencias occidentales, especialmente por los Estados Unidos. Uno de los más importantes consejos dados por Clausewitz en su obra, parece totalmente oportuno en todas estas circunstancias para la causa palestina: “Toda campaña o batalla debe tener un plan que señale los objetivos militares, la asignación de recursos y la intensidad requerida. Deben conocerse también los efectivos y la disposición del enemigo. Tener un plan no asegura la victoria, pero no tenerlo conlleva la derrota.” Ciertamente, no todas las guerras en la zona fueron originadas por los palestinos, más bien fueron la minoría; no obstante, se adivinaba el afán de una gran parte de las naciones árabes de destruir el Estado de Israel (como ya fue anticipado); lo que no hizo más que concitar a las potencias capitalistas en pos del fortalecimiento de un enclave militar en la región de gran valor geoestratégico.

Por fin en 1993, se firman los acuerdos de OSLO, entre Mahmoud Abbas líder de la organización palestina OLP (nacida en 1974) y Shimon Peres a la sazón primer ministro de Israel. Estos acuerdos fueron promovidos por el primer ministro anterior a Shimon Peres, Isaac Rabin, el cual resultó asesinado por un joven, estudiante judío de orientación extremista de derecha de la Universidad Bar llán, opuesto al plan que implicaba entregar territorios a cambio de paz, tal como estaba estipulado en los acuerdos de OSLO. En realidad, el acuerdo consistió en una aceptación por parte de los palestinos de la existencia del Estado de Israel, mientras tanto este último quedaba obligado a aceptar la autonomía de Palestina. Un acuerdo postergado casi 30 años; debió quedar signado por las partes en 1947, en lugar de haberse enfrascado en la primera guerra árabe-israelí, que se suscitó y tanto odio sembró. Sin embargo, no fue sino hasta el 2004 que Israel inicia el retiro de los asentamientos judíos en la Franja de Gaza y en Cisjordania.

Mucho más recientemente, John Kerry en su calidad de secretario de Estado de los EEUU (Administración Obama), promueve un nuevo acuerdo de paz, el cual fue desbaratado debido a que Benjamín Netanyahu, presidente de Israel patrocina nuevos asentamientos o colonias judías en Gaza; a pesar de la oposición internacional a esta política de promover asentamientos en territorios ocupados. Israel tomó estas iniciativas acusando a la organización Hamás (fundada en 1987), de haber asesinado a 3 jóvenes judíos israelíes. El día 7 de julio del mismo año, Israel lanza una intervención en Gaza, mediante una nueva operación de bombardeo, dejando un saldo de alrededor de 1.100 palestinos muertos, en su mayoría civiles, sin siquiera haber esperado el resultado de las investigaciones convenidas al efecto.

La última y más reciente guerra en el medio oriente, es protagonizada por Israel y Hamás; el escenario de nuevo de los enfrentamientos es la franja de Gaza acaecida desde el mes anterior y que se ha extendido a lo largo de este mismo mes. Hay que ir al “Podcast” a cargo del académico de la UCR, Dr. Bernal Herrera, quien haciendo acopio de una extraordinaria información de detalle, nos muestra la desigualdad de fuerzas, de recursos militares, políticos, tecnológicos, económicos y humanos, así como el volumen de fuego a favor de Israel en el conflicto con los palestinos. (Herrera, Bernal: “Palestina - Otra vuelta de tuerca” – En Misceláneas. Revista CR). “…Goliat -dice el Dr. Herrera- se ha impuesto nuevamente sobre David.” Por lo tanto, nos dice también, es ética y políticamente inaceptable intentar compararlos. Hay una novedad esta vez aporta el Dr. Herrera, Israel se ha lanzado en ataques contra la prensa internacional.

Israel y la milicia palestina de Hamás han pactado un alto al fuego. Pero como ha sido reiterado en esta convulsa historia, nada asegura, que los hechos no se vuelvan a producir muy pronto, dado que las causas que atizan el conflicto siguen vivas. Las guerras han aportado odio en ambos bandos, desazón, destrucción de la naturaleza y muerte, especialmente en el lado palestino, así como constantes pérdidas de sus hogares y tierras que nunca nadie ha repuesto. Israel podrá seguir invadiendo los territorios palestinos, enlutando familias, Hamás podrá continuar en enconada lucha armada contra los territorios israelíes. Lo que está visto es que las guerras no han resuelto el conflicto; la hoguera encendida desde 1947 o desde antes, ha probado que no resuelve ningún problema.





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