Arturo Jofré

Arturo Jofré

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Viernes 3 Mayo, 2013

Una calurosa bienvenida (a Barack Obama) es simplemente una forma de agradecer su esfuerzo por la búsqueda de un mundo mejor


La visita del presidente Obama

Si bien en el último medio siglo nos han visitado varios presidentes de los Estados Unidos, eso antes era impensable. Más aún, no pocas veces el gobierno, una vez instalado, necesitaba la bendición del Norte, expresada a través del reconocimiento oficial del nuevo gobierno y la visita a la Casa Blanca. Eso no es de extrañar, solo que el peso que tenía ese reconocimiento era decisivo.
En la primera mitad del siglo pasado un funcionario que trabajaba en el Consulado de Costa Rica en Washington fue testigo de un hecho curioso. Cuenta que un recién electo presidente de Costa Rica pidió cita a la Casa Blanca, acto altamente reconocido por la sociedad de entonces. Pero estando en Washington recibió la noticia de que no sería recibido. Entonces se produjo algo simpático.
El presidente frustrado se encargó solito de arreglar la situación desde el hotel donde se hospedaba. Un día salió hacia la Casa Blanca, tuvo la entrevista y volvió a Costa Rica “empoderado”. El historiador del Consulado nos señala que remotamente esa cita se produjo. Eran otros tiempos.
Hay dos hechos relevantes en la visita que hace el presidente Obama al país. Primero, que sea de nuevo Costa Rica el receptor de un presidente cuya influencia mundial es indiscutible. Segundo, que llegue a estas tierras un hombre de la estatura de Barack Obama.
Obama es un hito no solo en la historia de Estados Unidos. Él representa la coronación de uno de los cambios más significativos en la historia del hombre: un golpe brutal a la segregación racial en la mayor potencia del mundo.
Rosa Park, esa señora negra que cansada de su trabajo en una fábrica subió al bus y cometió la infamia de sentarse donde estaba “prohibido para gente de color”, se transformó en la colilla que incendió mentes y sacó de su casi anonimato al ilustre Martin Luther King.
¿Quién podría haber pensado entonces que un hombre negro ocuparía otra silla, la de la presidencia de Estados Unidos, apenas medio siglo después?
Pero hay otra razón para aplaudir. Obama no llegó a la presidencia por ser negro, llegó por ser un hombre de gran capacidad, inteligencia y con una visión del mundo mucho más avanzada y comprensiva que su antecesor.
Se hizo cargo de un país sumido en una grave crisis económica y una estrategia equivocada en su lucha antiterrorista. Obama ha estado haciendo su trabajo con éxito, para tranquilidad no solo de Estados Unidos, sino de buena parte del mundo.
De pronto aparecerán unos pocos encapuchados, que como lo hicieron el 1º de mayo quemarán su figura. ¿Qué estarán quemando en la figura de un hombre de esta talla? No lo entiendo.
Cuando Estados Unidos tose, todos nos resfriamos. Por eso, tener con nosotros a un líder de esta categoría, gobernando un país de tanta influencia, nos permite dormir más tranquilos a todos… y eso no es cualquier cosa. Por eso una calurosa bienvenida es simplemente una forma de agradecer su esfuerzo por la búsqueda de un mundo mejor.


Arturo Jofré

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