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No es suficiente con atraer inversionistas. Es necesario contar con una Costa Rica cada día más competitiva y capaz de retenerlos

La tarea que está pendiente

Al iniciarse la presente administración, en el discurso de toma de posesión de la actual mandataria, escuchamos de ella palabras como estas: “Trabajaremos por una Costa Rica más próspera y competitiva, generadora de riqueza, comprometida con las micro, pequeñas y medianas empresas, y con empleos más productivos y mejor remunerados”.
Estas y muchas otras afirmaciones se hacían aun cuando se sabía (debía saberse) la situación en que la administración anterior entregaba el país. Ya especialistas habían anunciado un importante déficit fiscal, lo cual más tarde comprobamos.
Enfrentar el gobierno en esas condiciones haría mucho más difícil cumplir las promesas hechas. Pero, por esa misma razón, esto obligaba a detener la mala administración de las instituciones del gobierno y del Estado; erradicar los pequeños feudos que obstaculizan el desempeño de los buenos funcionarios; cerrar los espacios favorables a la corrupción, entre otras malas prácticas que sangran continuamente al erario y dañan los servicios que los ciudadanos necesitan.
Era esa la única posibilidad de hacer más eficiente al aparato estatal, que ya en ese momento se comía la mayor parte de los recursos en salarios pero sin dar un buen rendimiento capaz de mejorar la competitividad del país.
Por otro lado, la firme actuación en ese sentido, al obligar a las instituciones a un mejor funcionamiento, hubiera favorecido a la población productiva, ayudando a conquistar una imagen comprobable de mayor competitividad. Los rankings hubieran tenido que reflejarlo así.
Un estudio rápido pero profundo y serio del funcionamiento, a cargo de los nuevos jerarcas, hubiera permitido reestructurar, profesionalizar, hacer todo más transparente y al cabo de uno o dos años tenerlo brindando un mejor y más rápido servicio a quienes se esfuerzan por producir y a los inversionistas que se entusiasmaran con la idea de emprender negocios en Costa Rica.
Sin embargo, esto no se ha cumplido. No es suficiente con ir al extranjero a convencer a los inversionistas. Es necesario contar con una Costa Rica cada día más competitiva para que al llegar aquí la pesada maquinaria burocrática no lo eche todo a perder.
En la misma medida en que el país necesita regulación adecuada para que reine el orden, sin el cual difícilmente habrá verdadero progreso, requiere que dicha regulación y los controles que conlleva se realicen en forma eficiente y tiempo razonable, demostrando que somos una buena opción para la inversión, nacional o extranjera.
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