Tomas Nassar

Tomas Nassar

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Jueves 3 Diciembre, 2009


La salida de Mel

La prensa internacional lo destaca y me lo comentan mis amigos hondureños que la palparon en vivo: la jornada electoral transcurrió sin mayores sobresaltos y la concurrencia a las urnas fue masiva.
Unos pocos y aislados incidentes no alcanzaron para empañar lo que los observadores definieron como proceso transparente.
Dato muy importante: no hay que olvidar, ni obviar, que estas votaciones estaban previstas desde el mismo día en que Mel fue electo, es decir, no fueron inventadas por la actual administración.
Las elecciones del domingo pasado fueron una clara muestra al mundo de cuál es la voluntad de los hondureños para salir del impasse provocado por la remoción de su cargo del ex presidente Zelaya y su resultado confirmó los temores de los principales detractores del presidente Micheletti: el pueblo hondureño rechazó en las urnas el bolivarianismo como opción política. Dolorosa e inesperada pérdida para los líderes albistas que no terminan de entender cómo Honduras se les fue de las manos. ¡Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar!
La suerte está echada, Porfirio Lobo es el presidente electo y asumirá el poder en enero, conforme está constitucionalmente dispuesto.
Zelaya comenzó a quedarse solo, a perder valor estratégico para la propaganda chavista y cada día se convierte más en una pesada carga para sus patrocinadores. Peso improductivo, portador del discurso demagógico que se va desmoronando con la constatación cotidiana de que ni los hondureños quieren que vuelva, ni el gobierno de Honduras es una gorilesca y oprobiosa dictadura, tipo Fidel o Pinochet.
Algunos gobiernos han anunciado que reconocerán los resultados. ¿Qué opción hay para una salida pacífica? Otros, en especial los europeos, desde el mismo zapato en que se metieron con su reacción precipitada de hace cinco meses, buscan una salida elegante para terminar, mucho más temprano que tarde, reconociendo el nuevo gobierno y normalizando sus relaciones, como debe ser.
Mientras tanto, Mel estará debatiéndose en su refugio carioca ante la certeza de que los amigos se van, poco a poco, mirando al otro lado, como quien no quiere la cosa, como quien se despide a la francesa de una fiesta a la que no fue invitado ni tampoco bien acogido.
¿Qué hará Mel ahora? ¿Cómo va a salir de la Embajada sin cruzar territorio catracho y exponerse a ser detenido? Zelaya tiene orden de captura por al menos seis delitos que le atribuye la Corte de su país y no hay manera posible de abandonar la embajada brasileña en Tegucigalpa sin exponerse a ser detenido.
El asilo del Presidente removido podría tornarse indefinido y el gobierno de Brasilia podría comenzar a perder la paciencia, porque tarde o temprano la legación tendrá que retomar la normalidad de sus funciones y porque no hay invitado que uno quiera en su casa por toda la eternidad. Por otro lado, el nuevo Gobierno Constitucional que jurará el 27 de enero, no debería tener ningún apuro y podría esperar sin prisas la salida de Mel convirtiéndose así la embajada, mientras tanto, en reclusorio voluntario y vitalicio.
Habrá que esperar a que el tiempo y las acciones conciliatorias de Pepe Lobo permitan a los hondureños recobrar la paz.