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Martes 16 Febrero, 2010

La revolución de nuestra educación técnica

Para nadie es secreto que nuestras y nuestros jóvenes que obtienen su bachillerato de secundaria, nada más reciben el pase que les permite matricularse en la universidad. Luego de al menos 12 años de estudios y una millonaria inversión personal, familiar y de recursos públicos, las opciones de empleo de esos jóvenes son nulas o mínimas. En el pasado, ese título permitía colocarse en diversos puestos de la administración pública, en el magisterio nacional o en diversas posiciones en la empresa privada. Hoy, el mercado laboral globalizado es muchísimo más competitivo, y las opciones de empleo del o la joven bachiller de secundaria, son casi inexistentes, salvo, claro está, que tenga algunos diferenciadores —buen nivel de inglés, buen manejo de herramientas computacionales o habilidades técnicas—. No es coincidencia que en su mayoría, esos diferenciadores se relacionen con la educación técnica y por tanto, con los colegios técnico-profesionales (CPT).
Esos CTP —comúnmente conocidos como colegios vocacionales—, son justamente los bastiones de nuestro sistema público de educación técnica, pero aún son pocos —menos de 100 en todo el país—. El sistema se complementa con los colegios universitarios —centros parauniversitarios públicos—, que hoy son solamente dos, pues los otros tres se fusionaron para crear la Universidad Técnica Nacional, cuya fisonomía institucional está en construcción y aunque suponemos que será otro pilar del sistema, aún debemos esperar su arreglo institucional y académico final, que tomará tiempo para completarse y para escalar sus capacidades y consolidarse.
Las universidades públicas también aportan, pero han reducido sus programas técnicos de pregrados, como parte de una respetable estrategia para asignar más recursos a sus postgrados. El Instituto Nacional de Aprendizaje (INA), lamentablemente, está debiendo. Masivamente sus recursos y capacidades se han dedicado a la enseñanza de artes y oficios y a programas a pymes, algunos de dudosa pertinencia. Los programas técnicos que hoy demanda el mercado y garantizarían empleo muy bien remunerado e inmediato a sus graduados, todavía son excepción. Sus mecanismos de rendición de cuentas son débiles y su enorme potencial en los campos técnicos y tecnológicos, están todavía por explotarse.
Ante estos retos y el contexto, es justo reconocer lo acertado de la propuesta, práctica y eficaz, que han lanzado doña Laura, don Alfio y don Luis, en su programa de gobierno: iniciar la reforma educativa que Costa Rica reclama, justamente por la educación técnica.
Para activar esa urgente revolución educativa, la propuesta parte de que las capacidades del Poder Ejecutivo son suficientes: duplicar el número de colegios técnicos y distribuirlos por todo el país, crear CPT especializados en tecnologías, y ampliar el Programa Avancemos Post-Secundaria, con especial énfasis en programas de educación técnica. Transformar al INA en el gran Politécnico Nacional que le urge a Costa Rica, con modelos de enseñanza dual —que combinen la enseñanza de la teoría en el aula con la práctica en la empresa— y llevarlo a la gente, usando el poder de las tecnologías móviles y virtuales.
De forma visionaria, invitan a las universidades —públicas y privadas—, para crear un verdadero sistema articulado de educación técnica, que permita a nuestras y nuestros jóvenes, titularse en pregrados —grados técnicos y diplomados—, potenciando su incorporación inmediata al empleo y resolviendo las urgencias del sector productivo, pero al mismo tiempo, dejando abierta la posibilidad de continuar con los estudios de grados universitarios en ingenierías. Estas propuesta, además, sería de implementación inmediata, pues no requiere reformas legislativas. Estas son las propuestas que, en forma y fondo, los electores queremos de quienes aspiran a liderar el futuro de Costa Rica.

Alexander Mora Delgado
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