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COLUMNISTAS


La prueba de biología (2)

Tomas Nassar [email protected] | Jueves 26 noviembre, 2009



VERICUETOS
La prueba de biología (2)
Las enseñanzas

Aprecio mucho y agradezco los comentarios de los amables lectores que tuvieron a bien opinar sobre mi columna de la semana anterior, referida a este mismo tema, es decir, a la determinación del Ministro de Educación de repetir el examen de bachillerato de biología, ante la sospecha (certeza) de que la prueba habría circulado previamente y, por supuesto, en forma ilegítima, entre los estudiantes.
Ahora que la decisión ministerial se ejecutó con la bendición de la Sala Constitucional y de la jurisdicción contencioso-administrativa, cuando el hecho está consumado y la suerte echada, no queda más que referirse a él para valorar las enseñanzas que este pequeño episodio pudo haber tenido para todos, en especial para los muchachos, pero también para los padres y los profesores.
Fueron definitivamente muy sostenibles los criterios de los padres de familia que, defendiendo la justicia y la inocencia de sus hijos opinaron que estos estarían sufriendo las consecuencias de acciones en las que no participaron. “Pagando justos por pecadores”.
Definitivamente llevan razón quienes así opinaron. Por supuesto que la inmensa mayoría de los graduandos fue ajena por completo al hecho perpetrado y claro que, salvo muy contadas pero lamentables excepciones, nuestros jóvenes actuaron honradamente en sus pruebas finales de la enseñanza secundaria. Los inocentes si expurgaron la sanción que correspondería solamente a los infractores, aunque resultaba por razones obvias completamente imposible saber, a ciencia cierta, quienes sí y quienes no tuvieron las preguntas anticipadamente.
El episodio educó; enseñó que todos los actos tienen un resultado inevitable, que quien bien actúa puede esperar recibir resultados meritorios, pero que quien obra mal, tarde o temprano asumirá las consecuencias.
Demostró también que la responsabilidad sobre nuestra conducta no solo atañe a nosotros mismos, sino también a nuestros semejantes; que esas consecuencias de nuestras acciones muchas veces afectan a los demás, aunque no hayan tenido “vela en ese entierro”; que actuando en sociedad y siendo conscientes de ello, los jóvenes de ahora, adultos mañana, tienen que vivir honradamente y ejercer presión sobre los demás para que se mantengan dentro de la línea de la corrección y la integridad y que no abandonen ese sendero nunca, porque ellos primero, pero los demás también, pagarían las consecuencias.
Les enseñó que el sistema les ofrece la oportunidad de reclamar cuando se sientan víctimas de una injusticia y que las instituciones a las que acudieron y les escucharon, resolvieron conforme a derecho, como corresponde en una democracia. Aprendieron de la preeminencia de la Ley y la Justicia.
También entendieron que las autoridades ejercen sus competencias de dentro de lo que les manda y les faculta el orden público, pero también que están obligadas a ejecutar los fallos de la Justicia, sean cuales sean, aunque hubieren implicado dar marcha atrás con la decisión.
Los que estudiaron, volvieron a aprobar y, los que no, asumirán los resultados de sus propias acciones.
Estos muchachos están comenzando la vida y la experiencia bien interpretada les servirá para evitarles muy malos momentos en su futuro.
Así es la vida, y así debe ser.

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