Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 10 Febrero, 2011


De cal y de arena
La potencia que se revuelca en la impotencia

No hay peor sordo que quien no quiere oír ni peor ciego que quien no quiere ver. Tal es el caso del gobierno de Estados Unidos a la hora de interpretar correctamente los acontecimientos políticos y sociales del tercer mundo. No quiere entender el grito que emana de la convulsión que agita el norte de Africa y el Oriente Medio, y repite la secuencia de errores y torpezas que lo llevan de tumbo en tumbo en uno y otro continente como para confirmar que el mundo padece la presencia de una potencia incapaz de ejercer responsablemente su liderazgo.
Hace más de 60 años, el presidente Roosevelt escandalizó cuando justificó el apoyo que su gobierno daba al general Somoza García “Yes, he’s a son of a bitch, but he’s our son of a bitch”. Pero de nada sirvió la cínica confesión pues los presidentes y los gobiernos que le sucedieron más bien confirmaron la adicción estadounidense por promover y sostener a más y más gobernantes autoritarios y corruptos que probablemente merecerían igual exabrupto. Diem, Pahlevi, Batista, Noriega, Pinochet son unos pocos eslabones de esa cadena de amigos en que están Somoza y otros muchos tiranos favorecidos y auspiciados por largo rato por Estados Unidos, simplemente porque vio en ellos una garantía de estabilidad que al final se demostró estar asentada en las bayonetas y por consecuencia frágil e incompatible con las demandas de democracia y libertad.
Es un círculo vicioso eso de consentir la mezcla de intereses políticos, militares y financieros que termina arrastrando a sus gobiernos a constantes fracasos y pérdida de influencia, suficientes para plantear una crisis de seguridad. Sobre esta “autoflagelación” escribió el ex juez del Tribunal Supremo William Brennan: “Cada vez que ha concluido una crisis de seguridad, Estados Unidos se ha dado cuenta, arrepentido, de que la abrogación de las libertades civiles era innecesaria. Pero se ha mostrado incapaz de no repetir el mismo error cuando ha llegado la siguiente crisis”.
Las revelaciones de Wikileaks corroboran esa torpeza de las altas esferas del gobierno estadounidense que han visto en Hosni Mubarak un pragmático irreductible y un aliado indispensable (todavía el pasado sábado, en ocasión de un homenaje al ex presidente Reagan, el nunca bien ponderado ex vicepresidente Cheney alabó la lealtad y la amistad del autócrata egipcio y pidió no hacerlo objeto de presiones desmedidas), contra lo cual advirtió la embajadora Margaret Scobey. “La tortura policial reportó ella al Departamento de Estado es un fenómeno habitual y omnipresente en Egipto” y pidió a sus superiores oídos y diligencia ante las demandas de libertad y democracia. El presidente Obama procura evitar el negligente inmovilismo mas ha caído en una atrofia interpretativa que le impide entender el significado del grito de cambio de los egipcios desde la plaza Tahir. Ante su demanda de libertad, justicia y democracia, Obama se va por la continuación del legado del tirano y auspicia la presidencia para Omar Suleimán, a quien se atribuye la vocación por la tortura de los servicios secretos. Es como proponerle a Chile al general Manuel Contreras.

Alvaro Madrigal