Bruno Stagno

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Lunes 11 Febrero, 2013

Tras permitirse una agresión flagrante que sigue impune y olvidada por la comunidad internacional, y confirmar la liviandad de sus pares en San José, Managua cree que se puede permitir todo


La permanencia de la geografía (II)

Como he argumentado en varias columnas anteriores, el apaciguamiento alegremente practicado por la administración Chinchilla Miranda durante sus primeros 164 días liquidó todo sentido de moderación en Nicaragua. Ahora, en su más reciente arrebato contra Costa Rica, Managua pretende igualdad de derechos para navegar por el Río Colorado en busca de una salida al Mar Caribe. Lo hace sabiendo que los derechos de Costa Rica en el Río San Juan nacen de un tratado bilateral en el cual Costa Rica hizo importantes —e inexplicables— concesiones a cambio del derecho a la libre navegación y otros derechos conexos. Aunque inmoral, esta no es una conducta irracional de parte de Managua.
Primero, porque el dragado iniciado en el Río San Juan, además de aportar algunos réditos políticos internos, no hace más que revolcar arena y dar sustento a algún revolucionario fracasado.
La restauración de la navegación sobre el sedimentado Río San Juan, después del desagüe del 90% de su caudal al Río Colorado, es una promesa aún incumplida —como muchas otras— de las autoridades en Managua. Aunque aún es temprano para que desistan del esfuerzo y reconozcan su derrota, tras meses de luchar inútilmente contra la naturaleza ahora buscan otra salida más acorde con la realidad geográfica de la zona: seguir el discurrir natural de las aguas.
Segundo, porque tras la invasión y ocupación de una parte de Isla Portillos, para la cual desplegó militares y algunas huestes, Managua ahora no le tiene miedo a ninguna acción o declaración ofensiva que implique algo menos que una nueva agresión.
Tras permitirse una agresión flagrante —que sigue impune y olvidada por la comunidad internacional—, y confirmar la liviandad de sus pares en San José, Managua cree que se puede permitir todo, y hasta cierto punto puede hacerlo gracias a la caja de Pandora abierta por la administración Chinchilla Miranda en sus primeros ilusos meses.
Tras ampliar exponencialmente sus opciones con la incursión en Isla Portillos, el afán de Managua de conseguir alguna concesión en las sentencias que eventualmente dictará la Corte Internacional de Justicia (CIJ) empalidece en comparación con la agresión territorial.
Mal que mal, quien puede más puede menos. Es inmoral, pero no irracional.
Finalmente, porque Managua nada pierde con sus pretensiones sobre el Río Colorado. La naturaleza dictó tras la suscripción del Tratado Cañas-Jerez en 1858 —gracias a la desaparición unos meses después de la Isla Leefe que sedimentó su cauce o a un movimiento telúrico en 1863 que levantó su lecho—, que las aguas del Río San Juan habrían de discurrir por Costa Rica.
La CIJ no cambiará lo que tanto tratados como eventos geológicos han otorgado a Costa Rica. Pero puede, como bien sabe Managua, contrarrestar la no concesión de derecho alguno a Nicaragua sobre el Río Colorado con una sentencia que peligrosamente reinterprete los derechos de Costa Rica sobre el Río San Juan.

Bruno Stagno Ugarte