Arturo Jofré

Arturo Jofré

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Viernes 25 Abril, 2014

Se trata de organizaciones nómades, a diferencia de la empresa nacional. No hay raíces, hay coyunturas


La otra cara de Intel

Las grandes corporaciones que invierten en Costa Rica, como en otros países, tienen una cara oscura que no nos gusta ver cuando celebramos su llegada. Se trata de organizaciones nómades, a diferencia de la empresa nacional. No hay raíces, hay coyunturas.
El fenómeno se conoce como downsizing, es decir, fuerte disminución del tamaño de una empresa en un determinado país.
Las causas son diversas, pero los resultados siempre son dramáticos para miles de familias. Tres mil personas sin empleo de la noche a la mañana es un sismo muy fuerte, pero las réplicas podrían ser iguales o peores en el futuro.
Hace unos años el New York Times dedicó un año completo a difundir los estragos del downsizing en Estados Unidos, cuando las compañías se lanzaron en bandada a ubicar sus plantas en ultramar.
El gobierno del presidente Clinton llegó a pensar en imponer un alto impuesto a este tipo de compañías. Como se ve, estos hechos no tienen nada de novedoso, es simplemente el nuevo escenario internacional.
Muchas empresas tecnológicas viven en un ambiente de cambios disruptivos, en que una innovación tecnológica puede desplazar a líderes en el mercado en un corto plazo. Hay muchos ejemplos en los últimos 20 años.
Cuando esto ocurre las empresas cierran plantas, se fusionan, se van a países donde los costos de operación son menores, etc. Es la nueva dinámica de los mercados internacionales.
Gracias a estas compañías se han abierto las puertas del empleo a miles de jóvenes con formación técnica, universitaria e idiomas.
El aporte de estas compañías ofreciendo un empleo digno y con compensaciones adecuadas es indudable, pero hay que ser realistas: el downsizing es una figura inherente a ellas.
La estructura empresarial y pública costarricense no tiene capacidad para absorber a más de 40 mil graduados universitarios por año y millares de estudiantes que deben trabajar y estudiar, así como jóvenes con menor preparación.
Tenemos debilidades en los dos extremos: las micro y pequeñas empresas por una parte, porque están echadas a su propia suerte. Por otro lado, las medianas y grandes empresas exitosas no han podido penetrar territorios internacionales más allá de las exportaciones.
El país no tiene una estrategia nacional en estos campos. Esto lo hace vulnerable en materia de empleo. Resultado: pequeñas y medianas empresas, con una alta capacidad de absorber empleo, están semiabandonadas en una vorágine de programas dispersos.
En cuanto a las grandes empresas exitosas, una apreciable cantidad prefiere ser adquirida por empresas extranjeras.
Si bien el empleo no sufre en este último caso (incluso puede salir beneficiado), es importante que el país tenga una presencia empresarial mayor fuera de las fronteras, sea por medio de franquicias, adquisiciones, alianzas, etc., como lo hacen otros países latinoamericanos.
La ventaja es clara: las utilidades se quedan en el país.

Arturo Jofré

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