Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 10 Julio, 2014

Poca fortuna le acompañará (al Presidente Solís) en tanto dependa de ministros y presidentes ejecutivos sin malicia política


De cal y de arena

La mula, Jenaro y el Presidente

Muy orondo, el Ministro de Energía y Ambiente alardeaba de que en el gabinete del presidente Solís más del 90% de sus integrantes son ajenos a la política. Ahí acabé de confirmar los temores de que más temprano que el canto de un gallo madrugador, este gobierno va a entrar en una caída en picada de la que podría salir solo si don Luis Guillermo llegara a percatarse de que el mejor arte de gobernar exige probada experiencia y habilidad política.
Seguí escuchando la entrevista que le hacía la periodista Amelia Rueda al ministro Édgar Gutiérrez creyendo que habría una precisión correctiva de tan estrepitoso alarde. Pero no llegó. Y no va a llegar mientras el gabinete siga así como está, heterogéneo en exceso, distante de la cosa pública e integrado con profesionales en muchos casos de grandes méritos académicos pero sin experiencia política y sin esa singular virtud que se exige para la buena administración de las dependencias de gobierno: tener juego de cintura.


Aunque muy temprano, ya saltan las divergencias y descoordinaciones que acusan la ausencia de equipo y de la batuta que asegure armonía y consonancia en la interpretación de la partitura. ¿Habrá partitura?
El gobierno debe tener una agenda de trabajo puntualmente conocida por sus miembros, una meta bien definida y una estrategia para alcanzarla. Se trata de una tarea esencialmente política cuya ejecución en sus tramos vitales debe estar a cargo de hábiles y duchos políticos, apoyados en técnicos y académicos que coadyuven a hacer luz sobre las incidencias sociales y económicas de los problemas abarcados por aquella agenda de trabajo.
El candidato Solís pidió el voto ciudadano para un programa de gobierno y una serie de promesas que ahora pintan desfasadas ante la realidad. Mientras encuentra cómo ajustarles, el heterogéneo gabinete, sin experticia política y sin una buena batuta, da palos de ciego en distintos temas muy importantes para encarar los cuales el Presidente prometió su acción desde el inicio del mandato (gasto público, carga tributaria, matriz energética, modelo de desarrollo) sacrificando así crédito y fuelle requeridos para los difíciles tiempos venideros.
Extraña este giro con tantas horas de vuelo que acumula don Luis en los ajetreos de la política. Si sigue menospreciando la experiencia política y si no cambia de rumbo, se topará con la pesada carga de la factura del fracaso y de la frustración que conducen a la protesta pública y al descrédito del gobernante.
Es cuando al Presidente lo acosa la soledad en que le dejan los estamentos políticos que en un momento dado le apoyaron. Don Luis Guillermo ha pedido cien días para diagnosticar la realidad nacional que recibe y comunicar al país las grandes líneas de su administración. Por mucho que acierte en su diagnosis, poca fortuna le acompañará en tanto dependa de ministros y presidentes ejecutivos sin malicia política. Se percatará de que en una circunstancia así la mula terminó botando a Jenaro.


Álvaro Madrigal