Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

Enviar
Viernes 27 Agosto, 2010


La “mesa servida” de Arias


Una prueba de la falta de tino es la estéril y paupérrima discusión por más de 100 días sobre la supuesta “mesa servida” que alegó dejar Oscar Arias, a quien lo acompañara tomando decisiones como vicepresidenta, Laura Chinchilla, quien hoy se muestra tan distante como la misma oposición.
Pobre y llana porque se desperdicia el preciado tiempo en banalidades sobre lo que quiso o no decir Arias en aquel momento, y los políticos de turno aprovechan el circo para levantar cortinas de humo y evadir el verdadero debate sobre la delicadísima situación que enfrenta Costa Rica en seguridad, infraestructura, educación o salud, pero sobre todo la cada vez más acongojante parálisis en el poder.
Si la Presidenta fue parte del mismo gobierno que le dejó la “mesa servida”, resulta ahora incongruente que los invitados no puedan disfrutar del banquete.
Obviamente, la alusión no podía ser a que todos los problemas quedaron resueltos, pero se logró la aprobación del Tratado con Estados Unidos, programas sociales como Avancemos, aperturas y algunas concesiones.
Al menos los polémicos cambios que solicitaban sectores estratégicos de la sociedad fueron consumados.
Sin embargo, ya una vez probadas las mieles del poder, el vals que se venía ejecutando con tanta sincronía y aparente cordialidad, cambió súbitamente de ritmo.
Contrario a lo que se defendía antes de la preparación de los manteles para el banquete electoral, ahora el deseo de diferenciarse de su protector está llevando a contradecir sus propios pasos.
En todo caso, la contradicción es una predilección del discurso político en Costa Rica. Si por un lado se aduce austeridad para congelar importantes proyectos como el desarrollo del Centro Cívico Nacional, ¿por qué tan solo escasos 100 días atrás, estuvo a favor la Presidenta del aumento salarial para los diputados y por si no fuera suficiente también de Ministros, sin importar el impacto que tendría sobre las finanzas públicas?
Dadas las circunstancias, el argumento parece hecho para salir del paso, pues los préstamos para las obras urgentes que requiere nuestra capital y la consecuente reactivación económica estaban diseñados en condición de “leasing”, lo cual no generaría carga sobre el mal entendido déficit fiscal.

Luis Alberto Muñoz