La joya de Los Ángeles
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La joya de Los Ángeles


La devoción a dos mujeres, la ermita de San Donato l’Aquila, en Italia, el olor del Caribe costarricense, más sus dos cuñadas, inspiran el espíritu de un hombre para rendirle tributo a su esposa y a la madre de Dios, creando una alianza eterna entre el amor y el arte; 50 años después de su matrimonio con quien fuera el amor de su vida hasta la muerte.
Era diciembre de 1996. Se encontraba descansando junto a su esposa en la casa de Puerto Viejo, Limón. Miraba un libro y halló fotografías de una hermosa capilla italiana. Pronto cumplirían bodas de oro, y, seguramente, luego de mucho pensar en qué obsequiarle a quien consideró su mujer en las buenas y en las malas durante medio siglo, siendo él devoto acérrimo de la Virgen María, quizá dijo ¡zas! Le haré una ermita en ofrenda a ambas: la madre de Dios y a su incondicional apoyo de cinco décadas, la inseparable compañera.


Los acompañaba Cristina su cuñada, quien de inmediato, aquel 28 de diciembre de 1996, levanta el teléfono y llama a su hermana Mariela, ceramista, pintora. “Necesitamos que elabores un mural en losetas de cerámica para cubrir el cielorraso de una ermita…debe estar listo para celebrar las bodas de oro de nuestra hermana el próximo 16 de abril…”, le dijo.
Enamorada del proyecto, la artista pone manos a la obra. Logró crear y pintar 840 piezas de cerámica en menos de cuatro meses, en las que, además de pintar, escribió las letanías marianas.
Su mayor desafío: en el horno solo cabían cuatro piezas y tardaban seis horas en cocinarse, más otras seis en enfriarse. Trabajó día y noche, con su asistente Fernando Matamoros, ya fallecido. Al recordarlo, Mariela levanta lentamente la vista hacia las majestuosas pinturas de la ermita, la envuelve un silencio sacramental, interrumpido por un colibrí que se cola bruscamente por la puerta, y entonces dice: “creo que la Virgen nos ayudó”.
Se construye la ermita a 1.200 metros de altura sobre el nivel del mar, en donde es rozada por la neblina que toca el cielo, tal vez no por azar. Ubicada a 11 kilómetros del centro de San Ramón, en un pueblo cuyo nombre se presta a esta confabulación: Los Ángeles.
En este lugar, aquel devoto hombre, poseía un pequeño hotel, llamado Villa Blanca, ubicado en la reserva natural del mismo nombre y el que aún sobrevive, pero esta vez adornado con una joya artística para Los Ángeles: ermita “La Mariana”, en honor a la Virgen.
Las losetas fueron colocadas en columnas. Cada pieza de cerámica transmite un tema alusivo a las Vírgenes aparecidas en América Latina, desde México hasta Argentina. Las cuatro primeras filas expresan la celebración religiosa de San Ramón, Santo Patrono del lugar, siguiendo así con las Vírgenes de los distintos países y paisajes alusivos a éstos. Desde la Virgen de Guadalupe, adornada con indígenas y templos mayas, pasando por Nuestra Señora de los Ángeles con imágenes de las romerías; La Concha de Nicaragua, la Virgen de Chinquinquirá (Colombia), Nuestra Señora Aparecida del Brasil, pintada junto con autóctonos en son de baile y muchas más. Cierra con un homenaje a San Martín de Porras y a Sor María Romero.
Este hombre hizo lo que él creyó un regalo a la Virgen y a su esposa, pero hoy es un regalo a Costa Rica y al mundo.
Sus protagonistas son el expresidente Rodrigo Carazo Odio, su esposa, la exprimera Dama, Estrella Zeledón, y sus dos hermanas Cristina y la ceramista Mariela Zeledón.
Sobre el altar, en la pared superior se lee una oda, poema lírico de Dionisio Cabal y Rafael Zamora, que bien podría resumir lo que sintió el expresidente en sus huesos y se llevó en su alma, dice: “Porque tenía que estar en todo lugar, Dios hizo a las madres…Pues para tener nombre no encarnó de un hombre, sino de una mujer”.

Editores jefes: Carmen Juncos y Ricardo Sossa
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