Leopoldo Barrionuevo

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Sábado 30 Abril, 2011


Elogios
La gerontocracia cubana

De 1984 a 1999 viajé a Cuba en diversas oportunidades: en la primera fui invitado especial al Primer Festival de Tango de La Habana y en las siguientes, contratado para entrenar vendedores.
Por entonces me sorprendió que se me acercaran algunos funcionarios más interesados en conocer a fondo no las teorías de Management que ellos dominaban merced al material de INCAE de Nicaragua, sino el modo de competir y las estrategias a seguir en mercados abiertos. Desde entonces se preparaban para dirigir las empresas locales cuando cesara el bloqueo.
Había que preparar el personal para los nuevos malls, costosas reparaciones de los expropiados almacenes anteriores a la Revolución, ahora dotados con aire acondicionado y escaleras mecánicas además de mercancía importada, con servicio al cliente destinado a turistas, soñando con atraer el mercado norteamericano a sus playas, también era preciso entrenar al personal de ventas para Canadá y Europa.
Poco después conocieron el duro golpe de enfrentarse con los chinos que se olvidaron de la ideología para competirles duramente en mercados cercanos, es decir, “Somos comunistas hasta el momento de disputarnos un cliente.”
Los chinos siguieron adelante con una economía mixta pero altamente productiva y Cuba se fue quedando, si es que alguna vez había alcanzado riqueza material propia y no prestada desde la instalación de la revolución. El Estado acabó por colapsar y en estos momentos más de 80 mil cubanos se han sumado al trabajo privado o personal, como parte del medio millón de desocupados que pertenecen al Estado y serán despedidos a la brevedad, para desempeñarse en el área de servicios: transporte, materias primas, reciclaje, manicuras, carpinteros, reparadores de calzado pero en especial, productores de comida casera y su venta ambulante o en restaurantes de zaguán.
La construcción y la agricultura deberían agregar mano de obra para una fuerza laboral de 5 millones conformada por numerosos jubilados. La pregunta que se impone es: ¿quiénes son los consumidores, los clientes, los destinatarios, las empresas que van a emplearlos en un régimen socialista que ha demostrado su rotundo fracaso en lograr desarrollo?
Lo preocupante es que los numerosos jubilados de la tercera y la cuarta edad no solo están pensionados: forman parte de un gobierno en el que el líder ya retirado Fidel va para los 85 años; el presidente Raúl cumple 80 en este año y el Vicepresidente a cargo del Ministerio de Informática, Comunicaciones, Industria Básica y Construcción, comandante Ramiro Valdés cumple en abril 79 años. Es decir, una Gerontocracia o gobierno de los ancianos.
La lucha no consiste en hacer productiva la economía sino en el enfrentamiento generacional en un mundo en el que los jóvenes aspiran al protagonismo o buscan otros destinos y cuentan con una educación cuya inversión es cuantiosa para que los países que los acogen la compren por monedas con una visa de trabajo, mientras los que los ven irse suspiran de alivio sin comprender que pierden el principal activo de la patria.

Leopoldo Barrionuevo
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