Mónica Araya

Mónica Araya

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Martes 7 Julio, 2015

La disfuncionalidad de la familia ha hecho que estemos como estamos y no podemos seguir jugando de dioses

¡La familia no se toca!

Antes que me juzgue por esta columna le recuerdo que al señalar a alguien por tener una voz y un criterio, usted también se esta señalando a sí mismo. Creo que en Costa Rica somos gente decente y podemos diferir de los temas y dialogar para tomar caminos más prudentes, pensados y analizados. Eso de insultar y etiquetar a la gente por sus criterios no es nuestro.
Hoy levanto la voz por la familia, levanto la voz por los niños.
Tengo familiares y amigos que estimo, amo y respeto profundamente que son gays. Nadie tiene el derecho de juzgarlos y mucho menos de discriminarlos.
Creo fielmente en la defensa de sus derechos civiles y legales. Nadie por su color, religión o preferencia sexual debe ser lastimado verbal o físicamente. He visto dentro de mi familia cómo se sufre por el señalamiento y el maltrato injusto por que alguien es gay. A pesar de esto, estoy clara en que seguimos confundiendo los derechos de unos por NO tener claros otros conceptos esenciales de la vida misma. El más importante en este momento el de “LA FAMILIA”.
Como dijo Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) escritor británico:
...“El lugar donde nacen los niños y muere el ser humano, donde la libertad y el amor florecen, no es una oficina ni un comercio ni una fábrica. Ahí veo yo la importancia de la familia…”
Si bien una pareja gay tienen todo el derecho de amarse y ser respetados en todos los ámbitos, ellos también tienen la obligación de respetar a los demás. Las manifestaciones realizadas en las últimas semanas se pasaron de la raya y quien quiere respeto también tiene que dar el ejemplo. ¡No se vale exigir y no dar! ¡No se vale tener derechos sin obligaciones y consecuencias!
Si bien dos personas gays son pareja y pueden amarse, eso no los hace una familia. ¡Los hace una pareja! Una pareja que se puede amar y respetar más que muchas heterosexuales. Pero no es una familia.
Yo fui madre soltera y tuve que criar por muchos años a mis hijos sola, mucho por mi elección; algunas no lo han vivido así por sus elecciones, sino por las de otros. Me costó mucho entender y aceptar que no podía ser ambas funciones, padre y madre. Mis hijos necesitaban un padre y una familia y ese alguien estaba haciendo falta en el triángulo perfecto de mi hogar. Gracias a Dios lo comprendí y me lo regaló. Hoy somos una familia. Pero sí estoy clara que una madre sola con su hija o hijo, no es una familia tampoco.
¡No confundamos! Una familia es y debe seguir siendo un hombre, una mujer y al menos un hijo o hija. Esto no lo inventé yo, no lo creó el hombre o la sociedad y tampoco tenemos el derecho de distorsionarlo a nuestra conveniencia. De hacerlo así estamos jugando con nuestro futuro y pagaremos las consecuencias. ¡Ya las hemos pagado! La disfuncionalidad de la familia ha hecho que estemos como estamos y no podemos seguir jugando de dioses.
En días anteriores se dio una gran revuelta por las valientes manifestaciones de los diseñadores Dolce y Gabana a favor de la familia tradicional. Fueron insultados y parte de una campaña internacional para dañar su negocio, sin embargo se minimizó la carta de agradecimiento que recibieron de varios hijos e hijas de parejas gays por sus derechos a una familia normal. Recordemos que los derechos de un individuo no pueden estar por encima de los demás. En el momento en que la lucha por mis derechos pisotee los de otro, se pierde el norte y con ello el resultado no será beneficioso para nadie.

Mónica Araya E.