Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

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Viernes 15 Noviembre, 2013

Lo más lamentable es el estado de campaña populista en que ha caído la parranda electoral en Costa Rica, escasa de dialéctica, contrapeso y el fuero de una sana discusión de las ideas


Entre cielo y tierra

La cosa está fea

Bien esclarecedor resulta el último Informe Estado de la Nación presentado esta semana. En especial sobre la coyuntura electoral en la que nos encontramos.
El estudio es revelador en cuanto a los males que se ciernen sobre la sociedad costarricense, estos bloqueos mentales en la política de las últimas décadas que han llevado al país a un retroceso, el cual se ha querido ver como de persistente estancamiento.
A esto vale la pena sumar la campaña mediática contra la democracia, con la cual se quiere insistir en tesis a medias tintas que favorecen una mentalidad abstencionista a pocos meses de las elecciones.
La pérdida de credibilidad que “aparentemente se afirma” está más relacionada con la mala praxis de los políticos, sobre lo que ellos vienen haciendo con la democracia, subordinándola al orden de sus intereses partidistas y personales.
Lo que nos ha revelado el último informe es también que Costa Rica va en contravía respecto al resto de la región. En lugar de avanzar en las conquistas sociales, como reducción de la pobreza, mejora de la educación y salud pública, ha retrocedido.
El aumento en el gasto público que hoy tiene a la economía en una condición vulnerable, no ha dado resultados, por ejemplo, la educación de la cual tanto nos hemos jactado, muestra signos de poco avance en la formación de talento con ventaja para competir en una realidad más globalizada.
Es doblemente lamentable, pues en los últimos gobiernos, pese a la insistencia y énfasis en políticas públicas para favorecer el surgimiento de un sector abocado al exterior, se descuidaron las condiciones para el fomento de oportunidades laborales y empresariales a lo interno. Hoy la tasa de desempleo, las dificultades para abrir negocios y el lento crecimiento son las caras consecuencias de este desbalance.
Los beneficios de abrirnos al mundo no llegarían a ser útiles para el desarrollo de Costa Rica, en tanto no se hiciera la tarea interna de nivelar la cancha. Estas conclusiones son parte de las investigaciones sucesivas que hoy nos dan un diagnóstico certero sobre lo que necesitamos.
Llama la atención, de igual modo que en medio de la actual campaña electoral exista tanta reticencia al debate, a exponer soluciones de fondo a estos problemas.
Lo más lamentable es el estado de campaña populista en que ha caído la parranda electoral en Costa Rica, escasa de dialéctica, de contrapeso y el fuero de una sana discusión de ideas.
El mito más grande, que aun al mismo informe se le ha escapado es la falacia que tanto se repite hoy de la supuesta pérdida de apoyo del costarricense a la democracia.
Todo lo contrario, como se ha demostrado en estudios sociales serios, el descontento está focalizado en los políticos, y a pesar de ellos, el costarricense aún cree que la democracia es el mejor sistema para enfrentar todos los males sociales que se nos acumulan.

Luis Alberto Muñoz
@luisalberto_cr