Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 19 Septiembre, 2013

Al concluir la guerra Mora proclamó: “… Ya no hay filibusteros en Centroamérica”. ¿Es así a 200 años de su nacimiento?


De cal y de arena

La campaña nacional

2014, año cumbre en las conmemoraciones que a lo largo de la historia hace la Patria de los hechos constitutivos de su institucionalidad y su identidad nacional.
Se cumplen dos siglos del nacimiento del Libertador y Héroe Nacional, Juan Rafael Mora Porras, figura determinante en el desarrollo y exitosa conclusión de la Campaña Nacional, ese su compromiso de ámbito regional forjado por él, por su voluntarioso empeño, por su liderazgo, su carisma, su aptitud para entender lo que acontecía y lo que había que emprender. Acaba de dictarse la ley de la República que declara este 2014 como año del “Bicentenario del Libertador Juan Rafael Mora”, con una prevención para que se haga justa memoria de aquellos hechos de la Campaña Nacional y se enseñe su significado a las generaciones de hoy y del pasado reciente que parecen no entenderlo en toda su magnitud ni excelencia.
Ojalá sea exitoso este propósito encomendado al Consejo Superior de Educación a efecto de incorporar a las actividades curriculares especiales del sistema educativo nacional lo que fue aquello, lo que fue Juan Rafael Mora, lo que implicó la raigambre entonces sembrada y no ciertamente bien cultivada después.
Me temo que la endeble instrucción histórica y la posposición de los valores que ayer inspiraron aquellas batallas, anidando en su lugar una visión malinchista en la construcción del país, sean obstáculo al propósito de grabar en la sociedad contemporánea la verdad de la dimensión de la Campaña Nacional.
Al concluir la guerra Mora proclamó: “La amada paz vuelve a nosotros con los vencedores del filibusterismo… Ya no hay filibusteros en Centroamérica”. ¿Es así a 200 años de su nacimiento?
Lo dice Armando Vargas Araya, quien bien ha hurgado en esas páginas de la historia: “Con sus antecesores don Juan Mora Fernández —primer Jefe de Estado— y don Braulio Carrillo —Arquitecto del Estado— don Juan Rafael Mora completa la trimurti seminal de la nación” y los méritos de la responsabilidad heroica de extirpar de Centroamérica al filibusterismo esclavista, de conducir a las tropas a la victoria sobre el destino manifiesto de los Estados Unidos, y despertar la conciencia de la raza hispanoamericana de cara a la raza anglosajona.
A Mora le rodeó la polémica. En su vida pública fue un hombre de choques; en el Congreso —que disolvió en enero de 1852— levantó grandes resistencias; y en sus negocios particulares se lio con cercanos parientes.
Por conflictivo, inevitable fue la lluvia de verdades a medias y mentiras enteras sobre su persona, escribió Rodolfo Cerdas. Como quiera que fuese —anota Luis Dobles Segreda— los hechos que preceden y suceden aquellos días de 1856 tienen dos polos: pensamiento y acción con Mora en la cabeza y Santamaría el brazo.
Profundizar en su significado también es tarea de la inteligencia y la responsabilidad profesional de la prensa, más allá de esa penosa liviandad con que ciertos teleperiódicos celebran las fechas patrias (marimba y tamales) sin espacios a la reflexión.
Si no se cultivan esos valores, tras el 2014 la Campaña Nacional seguirá siendo tema distante para las nuevas generaciones.


Álvaro Madrigal