Bruno Stagno

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Lunes 23 Abril, 2012


La anemia de la administración


Anemia (de sangre): disminución de glóbulos rojos en la sangre. Al aproximarse el final del primer tiempo de la administración Chinchilla Miranda, resulta difícil no quedar con la impresión de que el gobierno padece una anemia aguda, entre otros males. En sus primeros 24 meses, el gobierno se ha autoinfligido un sinnúmero de heridas de antología que han sucesivamente mermado el alto resultado electoral obtenido en las elecciones de 2010.
Al repasar su exiguo primer tiempo, y aunque no soy médico, me atrevería a decir que el gobierno sufre de sideropenia (falta de hierro) y de astenia (debilidad física y psíquica). La Presidenta no ha dado las muestras de firmeza que sus electores esperaban de ella, lo que atribuyo a una falta de hierro. No ha sido firme en sus decisiones y acciones, generalmente abordando los asuntos con cierto letargo y dando reiteradas muestras de indecisión, probablemente a causa de la astenia.
Me atrevería incluir en este “diagnóstico” otros dos síntomas asociados a la anemia: el gobierno encara una hipoxia aguda (falta de oxígeno). En efecto, se ha quedado sin oxígeno prácticamente por cuenta propia cuando aún le quedan 24 meses y deberá enfrentar un espacio político cada vez más estrecho. Además, cuando la Presidenta debe apersonarse a responder las preguntas incómodas de los medios, parece padecer de disnea (dificultad respiratoria) cuando no pierde la compostura. Tanto la hipoxia como la disnea están asociadas a la anemia, según parece.
Tras una serie de transfusiones de sangre —uno de los tratamientos posibles para superar la anemia aguda— mediante el cambio tardío de ministros y demás jerarcas, en algunos casos se ha producido un efecto positivo (Relaciones Exteriores, Seguridad), en otros ha empeorado la situación o aún no ha generado ningún resultado notable. Pocos gobiernos han tenido que someterse a tantas transfusiones y en ministerios tan claves (Ambiente, Comunicación, Hacienda, Planificación, Presidencia, Relaciones Exteriores, Salud, Seguridad) y aún es muy temprano para descartar otras bajas. Pero mal haríamos en esperar cambios drásticos si el problema esencialmente radica, más que en los extremos, en el cuerpo mismo. Pero aquí no hay mas terapia que la espera, porque los sistemas presidenciales no aguantan transfusiones a nivel presidencial más allá de aquellas que la ciudadanía periódicamente convalida mediante elecciones.
Repito, no soy médico, por lo que este “diagnóstico” puede estar seriamente errado. Pero aun si se revela acertado, aún hay tiempo para que la administración Chinchilla Miranda encuentre tardíamente su rumbo y sorprenda con algún legado notable. Como dijo Henry Kissinger, “la historia no juzgará el primer impulso sino el resultado”. Veremos si en los próximos 24 meses el gobierno supera la anemia y demás padecimientos que han dado al traste con la promesa de ser firme y honesta.

Bruno Stagno Ugarte