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La nueva Política del Gran Garrote y la Diplomacia de las Cañoneras

Vladimir de la Cruz [email protected] | Miércoles 03 mayo, 2017


Pizarrón

La nueva Política del Gran Garrote y la Diplomacia de las Cañoneras

En 1901 el presidente de Estados Unidos, Theodore Roosevelt, inició una época de las relaciones diplomáticas e internacionales de Estados Unidos, que se conoció como la Política del Gran Garrote, The Big Stick.

Fue la forma como atendió sus relaciones políticas, tanto internas como externas, pero adquirió dimensión universal esta expresión, por el papel de gendarme que Estados Unidos desarrolló a nivel internacional, actuando violentamente, presionando fuertemente, interviniendo en asuntos internos de otros países, y ejerciendo ocupaciones militares, cuando no provocando guerras y conflictos políticos militares internos que le justificaran actuar e intervenir por la fuerza.

En América Latina esta frase fue más que una expresión verbal. En el Caribe fue de aplicación constante derrocando gobiernos, imponiendo gobernantes, interviniendo países, ocupando militarmente países, justificando tales intervenciones en las amenazas que sufrían empresas norteamericanas o los llamados “intereses” norteamericanos, o hasta para justificarse el pago de deudas a Estados Unidos, con lo cual sus intervenciones le ofrecían la posibilidad de controlar aduanas, como sucedió, para garantizarse el pago de sus deudas.

La Política del Gran Garrote, que se dio en el desarrollo de la época del imperialismo a escala mundial, a inicios del siglo XX fue también la justificación, por parte de Estados Unidos, de la intervención directa en asuntos internos de los países que considerara que debería intervenir, fue la consagración de un Derecho que estableció de intervención si estimaba que sus intereses estaban amenazados.

El presidente Roosevelt justificaba su intervencionismo en otros países sobre las consideraciones de injusticias crónicas, actuación ineficaz, sentido de inconveniencia en materias sociales y políticas, relajamiento de reglas, relajamiento de lo que consideraba la sociedad civilizada, discapacidad de gobiernos para resolver asuntos internos, lo que podía obligar a Estados Unidos, aunque fuera en contra de sus deseos, a actuar “con el poder de un policía internacional”. Así, con su intervencionismo se tendía a proteger intereses económicos y productivos de empresas norteamericanas, y a los ciudadanos norteamericanos radicados, en esos países que intervenían, todo con el propósito de “restablecer el orden”, eliminando líderes, caudillos o presidentes locales e imponiendo otros bajo su servicio, su lacayato y servidumbre política. El Gran Garrote era la etapa final de su política de presión, cuando se intervenía militarmente.

En cierta forma fue la Política del Gran Garrote continuidad de la política que derivó del presidente Monroe, a principios del siglo XIX, cuando declaró América para los americanos, previendo posibles intervenciones europeas en el continente, lo que se popularizó como América para los estadounidenses o norteamericanos.

En los inicios del imperialismo, 1890-1910, los intereses por la explotación de las materias primas estratégicas, para la gran industria mundial y estadounidense, provocó por parte de Estados Unidos afirmar su hegemonía e influencia geopolítica en el continente.

La Política del Gran Garrote empezó a materializarse, frente al bloqueo naval que le hicieran las potencias europeas a Venezuela en 1902-1903, en las primeras acciones intervencionistas norteamericanas en el continente, antes de la Primera Guerra Mundial y después de ella.
Así se dieron los movimientos de separación de Panamá de Colombia, apoyados por Estados Unidos, con la intención de que se independizara Panamá para apropiarse del Canal, como lo hizo con el Tratado que le dio el control de la franja canalera, con motivo de la construcción del Canal por parte de intereses y empresas norteamericanas.

Provocó Estados Unidos la guerra hispanoamericana, a finales del siglo XIX, con la intención de apropiarse de Cuba, Puerto Rico, últimas colonias españolas en el continente, y las Filipinas. Intervino Estados Unidos en Cuba militarmente entre 1906 y 1909, impuso la Enmienda Platt y se quedó con la Base de Guantánamo. A Haití lo ocupó militarmente desde 1915 hasta 1934 y a República Dominicana entre 1916 y 1924. A Nicaragua a partir de 1912 y hasta 1924 realizó una primera ocupación militar, contra la cual se levantó el patriota nicaragüense Benjamín Zeledón, lucha en la cual participó el general Jorge Volio Jiménez, quien en 1923 fundó el Partido Reformista, y, luego, en 1926 inició otro proceso de intervencionismo militar que generó la lucha de Augusto César Sandino hasta 1934.

También otra manifestación de estas políticas guerreristas de Estados Unidos, y de los países colonialistas e imperialistas que iniciaban, se dio con la llamada Diplomacia de las Cañoneras, que correspondió, igualmente, desde finales del siglo XIX y principios del siglo XX, para imponer tratados desiguales con países pequeños o débiles, para lo cual movilizaba sus buques de guerra, sus cuerpos navales y marinas, cañoneras se les decía, dispuestos a bombardear puertos, carreteras e instalaciones civiles y obligar a los países atacados a aceptar sus condiciones.

Parte de estas agresiones se orientaban también a imponer bases militares, dominar territorios de esa forma, obligar a asociarse comercialmente y, obviamente, ampliar las áreas de influencia política y de control geopolítico.

El general Smedley Butler de la Marina de Estados Unidos, llegó a afirmar: “Nos ha ido bastante bien con Luisiana, Florida, Texas, Hawái y California, y el Tío Sam puede tragarse a México y Centroamérica con Cuba y las Islas de las Indias Occidentales, como postres, sin intoxicarse”.

Este general participó con estas políticas en, Tampico, México, en Cuba, en la “limpieza”, como lo llamó, de Nicaragua, a principios del siglo XX, en República Dominicana, y “enderezó”, según sus palabras, asuntos en Honduras en interés de las compañías bananeras.

Estados Unidos movilizó barcos en 1919 para intervenir Costa Rica, bajo el presidente Woodrow Wilson. Este Presidente en 1914 había ocupado Veracruz, en México. Cuando se cumplió su centenario de nacimiento, bajo el gobierno del Partido Liberación Nacional, presidido por Francisco Orlich, se quiso inaugurar la autopista que conduce al Aeropuerto Internacional Juan Santamaría, con su nombre, Autopista Wilson. Por dicha, hubo protestas, intensas en su calidad y eficientes, que impidieron que así se denominara esa autopista, con el nombre de quien quiso intervenir con sus cañoneras en Costa Rica.

Estas formas de ejercer la diplomacia y el control político de Estados Unidos le convirtieron en la potencia hegemónica del mundo capitalista desde la primera mitad del siglo XX.

Durante la Guerra Fría, 1945-1990, la Diplomacia de las Cañoneras, con su Marina, Estados Unidos la usó en distintos momentos y escenarios. Con el presidente Clinton se llegaron a usar, como parte de su participación en la guerras de Yugoslavia, el uso de misiles navales Tomahawk, que se acaban de volver a usar en Siria, en versión más moderna, radares aerotransportados E-3-Awacas, que también se tenían en la base militar en Manta, en Ecuador.

Estas políticas del Gran Garrote y de la Diplomacia de las Cañoneras procuraban demostrar y proyectar el “poder” de Estados Unidos, principalmente.

Se emplearon estas políticas para amenazar con una fuerza naval limitada, o usarla, para originar un acto de guerra que implicara llevar la ventaja, para cambiar políticas o modelos de gobiernos, o gobernantes, para provocar cambios en la expectativa de las situaciones que se enfrentaban.

Situaciones de este tipo se dieron en el bloqueo naval a Venezuela en 1902-1903, en la separación de Panamá de Colombia, en 1903, en la ocupación gringa de Veracruz en 1914, en las crisis del Estrecho de Taiwán en 1954 -1955, en 1958 y en 1995-1996, y durante la guerra Indo pakistaní en 1971.

Junto a la política del Gran Garrote y la Diplomacia de las Cañoneras el presidente William Howard Taft, 1909-1913, impulsó la Diplomacia del Dólar, más “pacífica” pero apoyada por la fuerza. William Walker la visualizó cuando se rindió: “lo que no pudieron hacer los fusiles, lo harán los dólares”, dijo.

La Diplomacia del Dólar quizá, en su versión moderna actual, habría a que darle más pensamiento a esto, tenga su ultima expresión en las políticas que se impulsan desde 1990 con los tratados comerciales, que el propio presidente Trump quiere rediscutir en su mayor beneficio, o salirse de ellos si le es más ventajoso.

Luego, de la Segunda Guerra Mundial, y de los acontecimientos de independencia nacional de las colonias, de la desintegración del mundo colonial, del surgimiento de los países socialistas, los Estados Unidos impulsaron su política basada en la Doctrina de la Seguridad Nacional, con un alto contenido anticomunista. Las llamadas Cortinas de Hierro en Europa y el mundo occidental y la Cortina de Bambú en Asia, fueron su expresión ideológica y propagandística, y de división del mundo simbólicamente entre “buenos” y “malos”.

En América Latina se impuso esta nueva época, y sus símbolos, con el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, TIAR, en 1948. Con el triunfo de la Revolución Cubana, se dio el desarrollo del Consejo de Defensa Centroamericano, CONDECA, del cual Costa Rica es miembro observador. En 1961, Estados Unidos planificó, organizó e impulsó la invasión de Bahía Cochinos en Cuba, donde fueron derrotados los invasores.

Con el TIAR en cierta forma se justificó la intervención militar de Estados Unidos, en República Dominicana, en 1965, en la cual Costa Rica, bajo el gobierno liberacionista de Francisco Orlich, colaboró enviando 20 guardias civiles. Pero, el mismo TIAR no sirvió para defender a Argentina, de la ocupación inglesa de las Malvinas, al tiempo que Estados Unidos apoyaba dicha ocupación haciendo ineficaz la aplicación del TIAR.

Luego, en la intervención de Estados Unidos en la isla de Granada, en 1983, reeditaba su política de Gran Garrote y de Cañoneras, solo que usó violentamente la aviación, las cañoneras modernas, y también su Marina. Luego, la intervención directa en Panamá, en 1989, con un bombardeo indiscriminado y cruel que hizo desaparecer el Barrio el Chorrillo, con miles de muertos de pura población civil, para robarse al presidente Noriega.

Durante toda la década de 1980 hasta los tratados de paz centroamericanos, Estados Unidos intervino directamente en la guerra centroamericana, incluso metiendo droga en Centroamérica, caso Irán Contras, para financiar esa intervención y a los grupos militares que apoyaban los Estados Unidos.

En 1994-1995 volvió a intervenir en Haití, en la Operación Militar “Para defender y restaurar la Democracia”, en teoría para restituir en el poder al presidente Aristide, bajo mandato de la ONU, que había sido derrocado por un golpe de Estado.

En el año 2000, como parte de la aplicación de la nueva estrategia de la Guerra contra las Drogas que impulsó Estados Unidos, para enfrentar situaciones políticos militares, que no le gustaban, lanzó lo que se llamó el Plan Colombia, con el cual se implementó un plan inmenso de ayuda militar y civil, que tuvo quizá el mayor récord de deterioro de derechos humanos en el continente. Junto a esto la CIA había impulsado, desde décadas atrás, la formación de los Escuadrones de la Muerte, que actuaron en diversos países del continente, y conjuntamente todos los cuerpos militares de Estados Unidos impusieron dictaduras en el continente por décadas, hasta 1990 cuando se volvió a procesos y desarrollos democráticos electorales en América Latina.

La estrategia de la guerra hoy, en Estados Unidos, está asociada a las contrataciones de construcción de lo que se destruye con bombardeos y el diverso uso de armas.

Desde 1945 Estados Unidos ha intervenido directamente en más de 70 países. Entre ellos, China, 1945-49, Italia, 1947-48, Grecia, 1947-49 y en 1964-1974, Filipinas 1945-53, Corea, 1945-1953, Albania, 1949-53, Irán en 1953, Guatemala, en 1954. En Oriente Medio intentó entre 1956 y 1958 derrocar dos veces al gobierno sirio, y presionaba al Líbano y Jordania con sus fuerzas militares y navales destacadas en el Mediterráneo.

En Vietnam intervino desde 1950 hasta 1973 cuando fue derrotado. Ni que decir de las acciones militares, desde 1990 hasta hoy, en Irak, en todo Oriente Medio, Libia, Siria, Irán, Afganistán, o el bombardeo a Yugoslavia en 1999 que justificó por “razones humanitarias”.

Estas políticas, junto con los golpes de Estado en Latinoamérica, el mantenimiento de dictaduras y gobiernos militares, el genocidio que estos gobiernos significaron son parte de la Historia negra de Estados Unidos.

Los pretextos de la intervención en Irak y en el Golfo, que luego en la ONU, se comprobó que fueron mentiras montadas como verdades, desde entonces ha creado una región muy volátil, muy inestable, sujeta a cualquier agravación de conflictos militares y de uso de armas muy modernas, hasta las que ha ordenado probar el presidente Trump recientemente, que de acentuarse con la expansión militar y de conflictos militares que el presidente Trump impulsa, en Afganistán o Corea, además de Siria, coloca al mundo en los bordes de conflictos que pueden llegar a guerras más amplias, con participación de las superpotencias mundiales, y de consecuencias impensables.

Sin lugar a dudas, las acciones recientes del presidente Donald Trump, de Gran Garrote y Cañoneras, en Siria y la movilización de sus marines y cañoneras modernas a la Península de Corea, están reeditando una nueva época de aplicación de estas políticas del Gran Garrote y de la Diplomacia de las Cañoneras, sin llamarlas Trump de esa manera, pero tratando de lograr los mismos objetivos políticos y militares, de control de esas regiones y países, de acabar con los gobiernos y sistemas políticos que en ellos impera, que no le gustan, de tener control de las materias primas que hay en ellas y por el valor estratégico que esos países y regiones tienen en el contexto geográfico donde existen.

¿Hasta dónde llegará el presidente Trump? No lo sabemos realmente. Lo que es evidente es que, oralmente, atiza con la nueva Política del Gran Garrote, en el asunto del muro de la frontera con México, con la expulsión de inmigrantes, con redefinir de tratados que considera perjudiciales a Estados Unidos, de salirse de tratados como el del Ambiente, con fortalecer su aparato y presupuesto militar, con poner a prueba sus armamentos sofisticados, con fortalecer la OTAN e incorporar nuevos países a este Tratado alterando las relaciones con Rusia y el equilibrio de fuerzas en Europa. Y, en la práctica, en el campo militar, con la nueva Política de las Cañoneras, movilizando sus barcos y flotas militares en el Mediterráneo, exhibiendo los misiles y sus alcances sujetos a lanzar, desde donde bombardea países, o llevándolas a la Península de Corea, y sus mares, o estableciendo nuevos cordones de antimisiles en Corea del Sur, y en países europeos, con participación de la OTAN, y otras regiones, alterando con ello tratados internacionales y los equilibrios geopolíticos existentes.

Estamos, evidentemente, ante una reedición moderna, de la Política del Gran Garrote y de Diplomacia de las Cañoneras… pero, en la época nuclear. El Garrote y las cañoneras son hoy también garrotes y cañoneras nucleares. Que no nos quepan dudas. No podemos ser indiferentes a esta época y los acontecimientos que vivimos.

Luchar por la paz es hoy más que un imperativo histórico, es de sobrevivencia de la especie humana y de preservación del Planeta.