Enviar
Viernes 12 Diciembre, 2008

La Navidad y el frenesí consumista


Año con año y cada vez con mayor tristeza, vemos como la fiesta de Navidad se convierte en un jolgorio cargado de paganismo y derroche. El espíritu de la Natividad, que es lo que realmente deberíamos celebrar una gran mayoría de costarricenses que nos denominamos católicos, se ha desvanecido en el loco y descontrolado festín de las compras, despilfarros que en muchos casos son innecesarios y contrarios a la realidad actual que exige prudencia en los gastos y elevados niveles de ahorro.
El vino y el circo toman la delantera, son los amos del “chingue” anual de fin de año. No se trata aquí de condenar las festividades y las actividades que surgen y giran alrededor de la Navidad, se trata de asumir una actitud responsable en ellas, especialmente en momentos en que el mundo y el país están a las puertas de una grave crisis económica. Es necesario también dar espacio a la parte espiritual, al recogimiento, al silencio, se requiere una tregua, aunque sea por unos días, del bombardeo publicitario que invita a gastar y gastar.
Igual que en los días de Semana Santa, las fiestas de fin de año y año nuevo, con todo el revoloteo que traen consigo, se convierten en fechas en las que se registra el mayor número de crímenes y muertes violentas a causa de la ingestión de alcohol y de la irresponsabilidad de infinidad de conductores que se pasean por las calles y carreteras “enfiestados”.
Ciertamente, debemos incentivar las actividades masivas que traen esparcimiento sano y relajamiento a la familia costarricense; me refiero aquí al Festival de la Luz, al Tope y hasta el “turno” de Zapote, si es el caso. Estos tres ejemplos de manifestaciones culturales populares, muy costarricenses, organizadas por la Municipalidad de San José, son dignos de aplauso, lo único que faltaría sería sacar del Tope el consumo callejero de bebidas alcohólicas; sin estas, la fiesta sería perfecta.
La Navidad es tiempo de reflexión, es tiempo para la familia, es el momento para renovar lazos de amistad y ante todo para racionalizar los recursos financieros de la casa (que en esa fecha son mayores). Es la oportunidad para emprender mejoras, pagar colegios, pagar deudas y pensar en la “cuesta de enero”. Es el momento oportuno para incentivar el ahorro como pilar de la seguridad financiera del grupo familiar.
Mucho se puede decir y desear, pero al fin y al cabo la responsabilidad es de cada uno. Cada quien debería saber hasta donde puede llegar, pero nadie debe olvidar que vive en sociedad, en un conjunto humano que se ve afectado por las decisiones positivas y negativas de cada uno de sus componentes.
Solo espero que todos los costarricenses tengamos una Feliz Navidad este 2008, colmada de tradiciones, celebrada responsablemente y un Próspero Año Nuevo 2009, acompañado de nuestras propias, previas y oportunas decisiones.

Johnny Sáurez Sandí
Abogado y Notario