Leopoldo Barrionuevo

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Sábado 13 Diciembre, 2008

ELOGIOS
La gerencia es humana

Leopoldo Barrionuevo

Aunque el elemento humano define a una empresa y la sitúa por sobre o debajo de sus competidores, el área ejecutiva determina esa diferencia. Nada es tan importante, ni el potencial económico, los equipos, máquinas, edificios, ni siquiera los productos o servicios. Toda empresa es lo que son sus gerentes. No hay otra verdad. El talento organizador, la creatividad y la imaginación del ejecutivo son cualidades que superan incluso a los recursos económicos que una empresa pueda poseer, pero lo realmente importante es la facultad de adaptación y la agilidad con que lo haga ante los constantes cambios que se sucedan a su alrededor. Para ello, deberá adicionar dos capacidades claves que conjugan a todas las mencionadas: decisión e innovación.
Esto es algo que hay que plantearse ante la situación que enfrenta el mundo en estos momentos en que los escasos resultados, en la mayoría de los casos, van a afectar la marcha de las empresas y la mejor receta de los contables es la reducción de costos, algo que si no es posible en periodos estables, difícilmente puede aplicarse en la solución de las crisis, cuando las organizaciones intenten sobrevivir.
Muchas veces escapa a las empresas el convencimiento de que pueden declinar y desaparecer. Olvidan que hay algo peor que desaparecer: vivir a título de préstamo en un ambiente mortuorio mientras se contempla pasivamente y con impotencia el auge de los competidores. Porque cuando se llega a la cumbre existe un peligro indudable, un sendero poco menos que seguro: el que conduce al descenso, a menos que los esfuerzos, el talento y la capacidad estén en relación con lo que se hizo para llegar arriba y se mantenga en la cumbre.
A un gerente, lo menos que puede exigírsele es que posea sentido común para reunir conocimientos y experiencias que puedan ser aplicados con éxito en su gestión. La experiencia es indudablemente un factor positivo, pero solo cuando conlleva el talento necesario para saber qué hacer con ella. En caso contrario, se convierte en un exponente de la “antigüedad”, la rutina y el estancamiento.
La gerencia tiene a su cargo la dirección de la empresa comercial, a tal punto que todo cuanto atribuimos a esta, en verdad concierne a la conducta gerencial. Para algunos, la labor de la gerencia consiste en lograr que otros trabajen, pero este criterio es muy discutible. Lo que en realidad hace a la esencia de su responsabilidad es dirigir un negocio, es decir, procurar que la acción conduzca a la materialización de los objetivos trazados. Hoy en día se han sistematizado múltiples conocimientos que han convertido a la gestión gerencial en un arte sumamente organizado, en el cual tiene lugar la intuición pero no el pálpito o la corazonada. Así, se ha convertido en una práctica susceptible de ser encauzada mediante la fijación de metas deseadas, siempre que se obtenga, naturalmente, el núcleo humano capaz.
La gerencia trabaja sobre recursos humanos para obtener resultados económicos. Para ello precisa definir el tipo de negocio, los propósitos que persigue la empresa y después poseer una filosofía, decidir políticas. Ello le permitirá fijar metas que no necesariamente consisten en objetivos a corto plazo, pero que en estos momentos recuerdan a Keynes: “A largo plazo, todos muertos”.
La empresa es humana y por ello es creadora. No se adapta al mercado, con exclusividad. También es capaz de trabajar sobre él, pero fundamentalmente se ocupa de crear clientes y de conservarlos. Esto implica dos conceptos invariablemente unidos: innovación y marketing. Marketing para hacer que los bienes o servicios que suministra sirvan a una determinada satisfacción de los consumidores, e innovación para estar en la constante preocupación de la mejora de las áreas en que se mueve el negocio. Además, sobrevivir.

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