La fiesta arrancó temprano
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La fiesta arrancó temprano

Cristian Williams
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Una vez más el Saprissa se vistió de fiesta, una fiesta en la que el único requisito era llegar de rojo y cerca de 16 mil personas acudieron, desde temprano.
Ojo, se colaron algunos, no muchos, que llegaron con su camisa azul, apoyando a El Salvador y se ubicaron en la parte superior de sombra este.

Ernesto Pineda, encargado de los bombos y miembro de la Fiel blanca, dijo que “vinimos en caravana por tierra, alegres y seguros de que no nos van a arruinar la fiesta como el año pasado”.
Las calles desde tres horas antes se llenaron, las caras pintadas acapararon Tibás y la esperanza de la victoria comenzó a palpitar en el corazón de los costarricenses.
Las comidas rápidas como empanadas, hamburguesas, carne asada y hasta las tradicionales pupusas salvadoreñas servían para cargar baterías antes de ingresar al estadio.
Los palillos inflables y los pañuelos rojos que regaló una marca de refrescos gaseosos fueron las “armas” para llenar de sonido ensordecedor el Ricardo Saprissa y crear un ambiente de triunfo.
La presencia de algunos de los integrantes de la selección sub 20, campeona de CONCACAF y encabezados por su capitán Derrick Johnson, calentó el ambiente e hizo sonar por primera vez el “ticos”, ticos”, que tenía la respuesta tibia de ¡El Salvador, El Salvador...!, que era silenciada por las rechiflas.
Los vendedores, infaltables en estas citas, ofrecían camisas por ¢3 mil, vinchas, pulseras y el dibujo de banderas con pintura por ¢500. Otros artículos como camisetas rojas con el estampado de “Todos con la Sele” eran obsequiados a los aficionados.
Las voces no faltaron también. Muchos opinaron que el juego servía para que El Salvador pagara los platos rotos. “Se van a llevar cuatro goles de regalo para que nos desquitemos del 2-0 de México”, dijo Carlos León.
Sin embargo, no fue así, y el tiempo pasaba, Furtado perdió el penal.
Y no fue hasta el segundo tiempo cuando en el minuto 69, estalló el estadio con el gol de Walter Centeno,
Pudieron ser más, pero al final uno fue suficiente para que los ticos salieran a las calles a celebrar.

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