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Miércoles, 14 de noviembre de 2018



CANDILEJAS


La escuela del mar

Candilejas [email protected] | Viernes 06 julio, 2018

ola de surf y familia
Roberto Vargas, aquí junto a su familia, sigue la tradición cultural de enseñar este equilibrado deporte a sus hijos. Ellos aseguran que harán lo mismo con su descendencia. Shutterstock, Cortesía/La República


Ayudamos con becas a chicos, incluso con profesores extranjeros certificados, dice Randall Chaves Arrieta, presidente de la Federación de surf de Costa Rica.

Después, muchos de ellos aprovechan la oportunidad para transmitir a otros jóvenes de su pueblo lo que aprenden y practican del surf.

Incluso ayudan a gente con movilidad reducida “¿se imagina usted alguien con problemas de movilidad haciendo surfin? Sí, eso es posible y luchamos por integrarlos” dicen.

Roberto Vargas Badilla, fue entrenado por su abuelo y su padre. Hoy él enseña a sus hijos. La cultura pasa de generación en generación.

Existe un vínculo importante entre los compañeros. Lo dejan ver en las entrevistas. Se cuidan cuando están en el mar, abrazan a sus hijos, sus esposas algo nerviosas, les dicen ¨saldrán de la sal¨.

Roberto, de 45 años, tiene tres hijos y está hoy en Caldera, participando en la categoría de veteranos, ¨amo correr olas, es un estilo de vida. Mi padre me enseñó y ahora yo los enseño¨.

Este surfista fue enseñado por su padrastro, quién actualmente sigue surfeando y dice ¨me motiva, porque tiene él 60 años¨.

Ambos empujan a sus hijos a luchar, a ser sanos, practicar buenos hábitos de vida, a seguir adelante.

Leonardo, uno de sus hijos, es adoptado. Igual que su padre ama el mar. Catalina, quién también surfea, dice: “vamos ya a surfear¨. Y se marchan.

En cuanto a los inicios del surf, en el norte del Perú las culturas locales dejaron trazas que muestran a hombres remontando olas. 

Esto se puede ver en “huacos” - que son cerámicas preincaicas de Perú - y en una de ellas se muestra claramente a un hombre sobre un madero o algo similar en actitud de deslizarse sobre una ola.

El investigador Enrique Amayo Cevallos, quién ha publicado el libro “Mar y olas. Rito y deporte”, es maestro PH en Historia Económica y Estudios Internacionales Latinoamericanos en una universidad de Sao Paulo en Brasil, asegura haber investigado sobre el tema durante siete años a través de diversos historiadores, cronistas y estudiosos del surf, a lo que ha sumado trabajo de campo etnográfico y de laboratorio.

Esto indicaría que todo comenzó en América del Sur, pero cuando las culturas autóctonas fueron reprimidas el surf pasó a perder auge.

Los nativos habrían usado, al inicio, su habilidad de atravesar el mar deslizando olas, para transportar hacia las costas grandes cantidades de especies marinas y también como disfrute.

Posteriormente, fueron los polinesios en sus constantes marejadas entre islas, los que algunos siglos más tarde, llevaron la costumbre de deslizar olas hasta lugares como Hawái.

“El surf es hoy un deporte pujante en Iberoamérica.

Es cierto que requiere ciertas cualidades físicas, especialmente un trabajo de fuerza mayor del tren superior (espalda, pecho, hombros, abdomen y brazos), indispensables para remar al adentrarse en el mar y para la puesta en pie.

Pero este requerimiento no es un impedimento para practicarlo”, señala Rafael Sellés Vergara, graduado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte y en Fisioterapia, quién es portavoz de la Federación Española de Surf.

Es una exigencia que se puede solventar con un uso adecuado de materiales, sobre todo con tablas de gran volumen que permitan flotar y ganar estabilidad.

El surf fortalece el núcleo y las piernas. Se llama “terapia del océano”, porque desarrolla el cuerpo a través del movimiento de cambio constante y la altura de las olas, de acuerdo con el Better Health Channel.

Por eso, desde niños, estos hijos del mar ven las olas con amor, con pasión y alegría.


Carmen Juncos

Editora Jefa y Directora de proyectos

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