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Lunes, 21 de septiembre de 2020



COLUMNISTAS


La democracia de La Calle

Marilyn Batista Márquez [email protected] | Viernes 07 agosto, 2020


El sector empresarial, especialmente los dueños de restaurantes y bares, unidos a algunos comerciantes, han recurrido a “la democracia de la calle” como acto de denuncia y protesta contra la imposición del cierre de sus negocios, dictaminado por Casa Presidencial y/o Ministerio de Salud.

El dúo dinámico -en el buen sentido de la palabra, porque no me los imagino con capuchas y antifaces en el batimóvil-, uno electo por el pueblo y otro designado por el Presidente de la República, que parecen tener poder omnipotente para intervenir, regular y detener la libre empresa, y también limitar el ejercicio del artículo 25 de la constitución política de Costa Rica, que lee “todos tienen derecho de reunirse pacíficamente y sin armas, ya sea para negocios privados, o para discutir asuntos políticos y examinar la conducta pública de los funcionarios”, prohíben no realizar, ni participar en actividades que propicien conglomeraciones, como medida de prevención del contagio de la Covid-19.

Un grupo de empresarios, en un primer intento, desafiaron la orden “presi-ministerial” y protestaron en los alrededores de Santa Ana y frente a la casa del primer mandatario del país. Su petición: ¡Déjenos trabajar! La mini protesta salió bien, y hasta el presi los recibió en el calor de su hogar, supongo que con algo de café y panecillos.

La segunda convocatoria a ejercer la democracia de La Calle no tuvo el mismo feliz resultado. Nuevamente un grupo de comerciantes de Santa Ana, en alianza con la Asociación de Bares, Restaurantes, Cantinas y afines (Asobarest), convocaron a un bloqueo a realizarse en la ruta 27, pero apenas iniciaron, los desalojaron, y como resultado del “terrible y peligroso” agravio, seis personas fueron detenidas por obstrucción a la vía pública. El clamor de los cuasi manifestantes fue: apertura de los comercios y ¡trabajo!

El tercer intento de los comerciantes de hacer una manifestación en Ciudad Gótica fue convocada por el Movimiento Despierta Costa Rica y FedeCAMARAS. El grupo instó a participar en una caravana vehicular y manifestación pacífica frente a Casa Presidencial el lunes pasado. Bajo la consigna #NecesitamosTrabajar, hicieron dos peticiones puntuales al Gobierno: la apertura responsable del comercio y las empresas, y el cambio en la restricción vehicular sanitaria de 10 p.m. a 5:00 a.m. El Viceministro de Diálogo Ciudadano, Randall Otárola –tomando la posición del detective Jim Gordon–, en reunión informal (sin café ni panecillos) les informó a los manifestantes que llevaría sus inquietudes al Comité de Operaciones de Emergencias para que se evalúe la viabilidad de las peticiones.

A diferencia de hace algunos años atrás, cuando don Albino Vargas Barrantes, secretario general de la Asociación Nacional de Empleados Públicos (ANEP), convocaba a huelgas, haciendo valer la democracia de La Calle, y recibía todo tipo de improperios, maldiciones y amenazas, por pretender “mal utilizar” la libertades de la constitución política de Costa Rica, ahora los empresarios y trabajadores se han unido para “discutir asuntos políticos y examinar la conducta pública de los funcionarios”, que están afectando la convivencia social y el desarrollo de nuestra nación.

La Democracia de La Calle en un momento histórico fue satanizada, pero sobran buenos ejemplos contemporáneos de cómo este tipo de protesta pacífica, enfocada a la unión, solidaridad y participación ciudadana para alcanzar fines comunes, ha sido capaz de cambiar leyes discriminatorias, como la marcha en Washington por los Derechos Civiles (Estados Unidos, 1963), independizar naciones (Revolución Cantada de los pueblos bálticos, 1987-1991), hacer retroceder medidas económicas impositivas del gobierno (Treinta pesos, Chile 2019) y propiciar la renuncia de un gobernador (Puerto Rico, 2019).

Si este gobierno sigue sin oír el clamor de los comerciantes y sectores productivos del país, nuevamente alguien levantará el teléfono rojo para convocar a una marcha, paro, manifestación o protesta, bajo la cobija de la democracia de La Calle. Y Dios nos libre que dentro de esa multitud surjan guasones, pingüinos y acertijos…

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