Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 20 Agosto, 2008

Hablando Claro
Jugada de vergüenza

Vilma Ibarra

Lamentablemente la escena es común y sucede todos los días en centros de trabajo, barrios residenciales y estadios de fútbol: la policía busca a un sujeto para entregarle una orden de apremio corporal porque no ha pagado la pensión alimenticia, que resulta indispensable para la manutención de unos hijos que en no pocas ocasiones sufren carencias y limitaciones inimaginables por esa paternidad irresponsable que asume la terminación del vínculo con la pareja como la conclusión de todo el vínculo familiar. Para esos hombres la pensión se convierte entonces en un pesado fardo. En una terrible obligación que deben cumplir a regañadientes y no con la alegría de saberse al menos proveedores de las necesidades de sus hijos. Hijos que dejan abandonados de amor y como si eso no fuera ya de por sí un mundo, también de protección económica. No digo que sucede en todos los casos. Pero seamos realistas. Sucede en muchísimos. Afecta cientos de miles de niños y atormenta a madres que van en pos de una justicia que se mueve despacio y que cuando logra activarse es burlada de manera infantil, no sé si por falta de instrumentos legales más determinantes o porque la acción policial es presa de una negligencia e impericia tal que le impide la ejecución y el cumplimiento eficaz de la orden recibida.

Lo vivimos el lunes en el estadio de Carmelita. Varios efectivos policiales esperaron pacientemente la conclusión del juego ante Alajuelense para entregarle a Kervin Lacey una orden de apremio corporal que por momentos parecía malograrse en las manos de uno de los oficiales habida cuenta de las persistentes gotas de lluvia.
El hombre jugaba en medio del lodazal y al terminar el encuentro se fue al camerino y simplemente desapareció del lugar ante las miradas perdidas de unos pobres policiales que solo provocaban pena.
Ya sabemos lo que pasa en todos estos casos. Una solidaridad malentendida de amigos, compinches, compañeros, compañeras y jefes avisa al padre incumplido que la policía lo está buscado y acto seguido se monta todo un operativo para esconder al sujeto y ponerlo “a salvo” de la acción de la justicia. Y así sucedió el lunes. Lacey huyó por una pequeñísima ventana del camerino y sus amigos lo envolvieron como un bulto y lo sacaron del estadio en un pick up.

Me imagino cómo se reían de su hazaña. Como dijo un cronista, tal vez Lacey no pudo driblar al contrario en la cancha pero de seguro sí pudo hacerle la gambeta a la policía.
Lástima que estos sean los jugadores y las crónicas que ven nuestros niños y adolescentes en la televisión. Porque francamente no sé qué me produjo más repudio. Si la cobarde acción del señor Lacey y sus amigos. O la forma pintoresca, anecdótica y graciosa en que los colegas de Teletica Deportes nos narraron lo ocurrido… Como si fuera parte del juego. Pero sin decir que era un jugada sucia. Una jugada vergonzosa.