Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 5 Junio, 2014

Es de desear que el presidente Solís encuentre la manera de separar la paja del grano en la maraña de irresolutos temas y problemas que le legó su antecesora


De cal y de arena

Isla Portillos, aún en veremos

Graves errores y omisiones en que incurrió la administración Chinchilla en la conducción de nuestras relaciones con Nicaragua, dejaron desguarnecida la soberanía nacional y abrieron espacio al atropello de la integridad territorial de Costa Rica.
Las torpezas le allanaron el camino al expansionismo del vecino que, no más transcurridos 164 días de la llegada al poder de doña Laura Chinchilla, invadió Isla Portillos, cara lesión a nuestros intereses de la que aún se padecen las secuelas: antes de las metidas de pata Costa Rica ejercía a plenitud la soberanía en Isla Portillos; hoy nuestro país tiene una expectativa de derechos soberanos, condicionada a lo que finalmente llegue a decidir la Corte Internacional de Justicia.
Al canciller protagonista de aquellos momentos lo destituyeron diplomáticamente y las graves deposiciones del entonces ministro de Seguridad Pública se libraron  del merecido castigo.
Todavía Costa Rica padece el daño de aquellas tortas sin que haya podido rescatar sus derechos soberanos. Otros fueron llamados a apagar la conflagración, enmendar yerros y construir idóneas estrategias y tácticas fundadas en la fuerza de la argumentación jurídica elevada a la Corte de La Haya. Aun así, la integridad territorial salió maltrecha y sigue expuesta a lo que termine dictando la CIJ, con efectos directos en la legitimación de la presencia (o de Costa Rica o de Nicaragua) en la desembocadura sur del río San Juan y en los espacios marítimos regionales.
Tener como “correcto” el manejo que la administración Chinchilla dio a este delicado expediente, según apreciación del canciller González Sanz en entrevista periodística de este domingo, es extender inmerecidamente un aval a una gestión que sólo fue acertada durante la conducción del ministro Enrique Castillo en el tema afectado por el litigio en la CIJ, aunque no en los diversos componentes de la agenda binacional que siguieron bajo régimen de congelación.
La presidente Chinchilla no se preocupó por disimular su ojeriza hacia el presidente Daniel Ortega, llevada al extremo de atorar también la agenda binacional. Un error grave que debería ser advertido por el presidente Solís Rivera a efectos de evitar entrabar con excesiva rigidez el acceso a la amplia gama de temas propios de las relaciones bilaterales.
Su canciller desliza la posibilidad de cambios y dice que la puerta está abierta para abordar “caso por caso” aunque no para todos los temas de la agenda binacional. ¿Quién lleva las de perder en esta coyuntura?
Pienso que dada la estructura productiva de Nicaragua y su conformación económica y social, somos nosotros los  más afectados en las derivaciones negativas que puedan generarse de los hechos.
Es de desear que el presidente Solís encuentre la manera de separar la paja del grano en la maraña de irresolutos temas y problemas que le legó su antecesora.

Álvaro Madrigal