Arturo Jofré

Arturo Jofré

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Viernes 25 Julio, 2014

Las redes han ayudado a concentrar multitudes para derribar a dictadores y constituyen un poderoso instrumento social


Insultos por redes sociales

Nada hay más saludable en una democracia como la libertad de opinión y nada hay más peligroso que, en virtud de ella, algunos se aprovechen para mentir y agredir gratuitamente a las personas. Esa línea limítrofe es muy delicada, más en estos tiempos en que cualquier comentario puede multiplicarse infinitamente y en que la corrupción asoma su cabeza por todos lados.
¿Por qué la mentira es tan dañina? Porque es un arma de protección para los corruptos de verdad. Si las redes adquieren el poder de la impunidad, allí se depositará tanta basura que al final la gente terminará dudando de todo y no creyendo en nada.


Si a medio mundo se le señala directa o indirectamente como corrupto, los verdaderos delincuentes se cobijarán allí para mostrarse como ángeles que han sido cruelmente calumniados. De por sí los tribunales demorarán tantos años para determinar —no la verdad— sino lo que se pudo comprobar, que ya todo queda socialmente olvidado.
Hay que ensuciar a la mayor cantidad de gente posible, así los pillos de verdad no se notarán y con la cara dura que los caracteriza defenderán “su honor y su dignidad” manchada. Por eso hay que ponerle atención al momento que estamos viviendo. Antes estos asuntos eran tema de una reunión de amigos o de conversaciones familiares, con un boca a boca que desfiguraba más las cosas pero que tenía poco alcance, poca cobertura. Ahora es distinto.
Cuando se destapó el caso Watergate, el anonimato se transformó en un arma de poder social de extraordinaria relevancia. Un papel o una llamada anónima podía ser la chispa para armar incendios tan grandes que podían derribar al presidente de la potencia más grande del mundo, como ocurrió con el presidente Nixon.
Con mayor razón se podía desnudar a un corrupto disfrazado de servidor público o de empresario exitoso.
Ahora estamos frente a una nueva fuente de poder… y qué poder. Las redes han ayudado a concentrar multitudes para derribar a dictadores y constituyen un poderoso instrumento social. Estamos como muchas veces en la historia de la humanidad, ante un instrumento extremadamente útil, pero que las personas pueden usarlo para fines muy distintos, en un abanico que va desde lo bello hasta lo perverso.
Los tribunales tienen en sus manos un fierro caliente: fijar los límites. No se puede simplemente decir que un funcionario público debe aguantar palos indefinidamente, no solo por la persona en sí —que ya es una justa razón— sino por el comentado impacto social que tiene y que puede terminar siendo una cortina de humo para los verdaderamente corruptos. Por otra parte, la justicia llega —cuando llega— tan tarde, que el efecto social se lo lleva el tiempo.
Esa línea limítrofe deberán hacerla los magistrados como si fueran zurcidores japoneses, que no se note, pero que sea muy eficaz, porque esta fuente de poder nos puede ayudar mucho para tener una sociedad mejor.

Arturo Jofré
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