Arturo Jofré

Arturo Jofré

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Viernes 10 Junio, 2011


Instituto Tecnológico: 40 años después

Se cumplen 40 años desde que emergió el Instituto Tecnológico de Costa Rica (ITCR).
Eran los inicios de los años 70, solo existía la Universidad de Costa Rica como institución de educación superior, la industria en su inmensa mayoría eran talleres, pero hubo visionarios que vieron en esta obra una forma de impulsar el desarrollo del país. A la cabeza de este sueño estuvieron los presidentes Trejos y don Pepe, a quien le correspondió hacerlo realidad.
Cuando el Instituto daba sus primeros pasos, don Pepe nos marcó la cancha. Nos dijo que él no quería ver una institución reflejada en una huerta con un cabrito amarrado a un palo.
Era la señal de que en la vida hay que tratar de volar alto. En ese pensamiento se estaba formulando la misión misma del ITCR, nada de cositas para entretener a visitantes complacientes, ni pensar como país subdesarrollado. Y el Instituto se puso a volar alto.
El Tec fue una obra de jóvenes audaces que venían con sus títulos todavía con olor a imprenta. La gran mayoría rondaba entre 20 y 24 años. El personal administrativo eran jóvenes de Cartago, dispuestos a entregarlo todo para el éxito de este inédito esfuerzo.
Los desafíos eran grandes y la respuesta clara: trabajo duro, persistencia y audacia. Nunca se subordinó la excelencia académica, lo que le dio el valor y el prestigio a la marca Tec.
Don Alberto Cañas hace un tiempo escribió que cuando felicitaron al presidente José Ma. Figueres por haber traído Intel a Costa Rica, este respondió que él no lo había hecho, sino el ITCR.
En otras palabras su fortaleza, expresada en sus graduados y en su trayectoria, había sido la base de una cadena que ha permitido empleo a miles de profesionales.
Recuerdo que en 1975 se graduaron los primeros 87 profesionales, tuvieron que abrir surco, una tarea dura para un Tec desconocido y escondido en las lejanías del centro poblado de Cartago. Ya van más de 7 mil. Uno de esos graduados asume en pocas semanas la rectoría. A Julio César Calvo, un distinguido profesional con el que compartimos en el pasado ideas y proyectos, y que conoce el Instituto y sus desafíos a la perfección, le reitero mis mejores deseos de éxito en su gestión.
El Tec ha sido clave en el desarrollo de la computación y especialmente del software en Costa Rica. La Fundatec, la cual me correspondió crear, ha sido una fuente importante para suplir las necesidades del Instituto, ya que genera ingresos de alrededor de ¢5 mil millones por año. Los aportes del Tec emergen de todos lados, de la biotecnología, mantenimiento industrial, la electrónica, las ciencias forestales, las maestrías, el programa de emprendedurismo… y un largo etcétera.
Lamento no poder estar en la celebración de los 40 años del Tec por encontrarme fuera del país, lo importante es que esa institución y su historia van con uno no importa donde esté. Tuve la suerte de estar allí cuando había que construir. Solo me resta agradecer a toda su comunidad por haberme honrado durante dos periodos como rector.

Arturo Jofré
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