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¡Inmortal!
Bode Miller cerró el círculo como campeón olímpico

Gaetano Pandolfo
[email protected] y EFE

Talentoso, con categoría y carismático, sus credenciales son tan gigantescas que este esquiador estadounidense, hijo de un matrimonio hippy y criado en una casa sin electricidad ni agua corriente, brilla construyendo su carrera deportiva “a su manera”.
Mientras entrena y compite, canta la célebre “My way” de Frank Sinatra y ajeno a todo tipo de convencionalismos, siempre, siempre, dice lo que piensa, lo que le ha servido para forjar un carácter independiente que como sucede en estos casos, le ha generado no pocos problemas.
Bode Miller, aquel niño que hace 30 años vivió una infancia feliz habitando pegado a la naturaleza, se proclamó ayer campeón olímpico de combinada alpina de los Juegos Vancouver 2010, tras ganar la prueba disputada en Whistler, y logró de esta forma su tercera medalla en tres pruebas y reclamó para sí la corona del deporte rey en estos Juegos.
Miller, hoy con 32 años, que en setiembre aún no sabía a ciencia cierta si seguiría compitiendo, optó por permanecer en activo al menos una temporada más y tomó la decisión correcta, haciéndole un favor impagable al esquí alpino y a la selección de Estados Unidos, que hubiera perdido antes de tiempo no solo a un supercampeón, sino a una de los figuras más carismáticas de la historia de este deporte.
El genio de New Hampshire cerró ayer su particular círculo dorado, al lograr el único título que le faltaba. Doble ganador de la Copa del Mundo —competencia en la que lleva 32 victorias— y cuádruple campeón mundial, Miller, ganador en cada una de las cinco disciplinas, contaba hasta la fecha cuatro medallas olímpicas —tres platas y un bronce—-. Ahora añadió el oro. Ya lo ha ganado todo.
Lo mismo se alojaba en una furgoneta —el famoso 'Bodemobil'—, en vez de en los hoteles del equipo USA, durante el circuito de la Copa del Mundo; opinaba que el consumo de EPO no era tan malo o admitía haber reconocido pista en un estado próximo a la embriaguez.
Enemigo declarado de un sistema que jamás pudo hacer frente a su calidad, Miller acompañó siempre todos sus actos y declaraciones con sensacionales actuaciones en las pistas, presentando un palmarés impecable que hoy le proclama inmortal en la historia del esquí.
Ayer se impuso tras acabar sétimo en el descenso, en el que el noruego Aksel Lund Svindal —oro en el super y plata en descenso— fue el más rápido, por delante del sorprendente italiano Dominik Paris.
Svindal esquiaba por el oro y buscaba también su tercera medalla en Vancouver. Algo que para los supersticiosos, es imposible de conseguir cuando se esquía con el dorsal 13. Pero la realidad es que Aksel cayó en la trampa de los Kostelic, se salió de pista y Bode pudo ganar su ansiado oro olímpico. Miller se inmortalizó en Whistler.


Reina del hielo

La alemana Magdalena Neuner ganó ayer su tercera medalla en total y segunda de oro en los Juegos Olímpicos de invierno de Vancouver, al imponerse en la carrera de 12,5 kilómetros con salida en masa de biatlón femenino.
Neuner, de 23 años, ya tenía un oro en los 10 kilómetros persecución y una plata en el sprint sobre 7,5, lo que la convierte en la segunda mujer que logra dos títulos en estos Juegos, tras la fondista noruega Marit Bjoergen (NOR), que tiene un bronce como tercer trofeo.
La de momento reina de los Vancouver 2010 ganó en el Whistler Olympic Park con un tiempo de 35 minutos, 19 segundos y 4 décimas y dos fallos en el tiro.
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