Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 27 Marzo, 2014

Ojalá los pocos legisladores electos que sobresalen por sus notas, puedan hacer de la que viene una Asamblea apta para entender la compleja realidad política, social y económica


De cal y de arena

Inexpertos e improvisados diputados

“Lo que ahora veo es que, para meterse en política o aspirar a un puesto público, se necesita mostrar, antes que todo, la fe de bautismo para saber cuánto tiempo hace que el jovencito dejó la chupeta” (Ricardo Jiménez Oreamuno, 11/01/1942).
Tan lapidaria sentencia del ilustre ex presidente de Costa Rica la recordé en estos días, tras la lectura de una entrevista periodística concedida por una joven vecina de San Ramón electa diputada a la Asamblea Legislativa el 2 de febrero, donde quedan resumidas todas las carencias que puede acumular una persona para descalificarse como aspirante a un puesto público.
Y sin embargo, fue escogida para integrar la papeleta de candidatos a diputado, bien por influencias familiares, o por la certeza de que no estorbaría un posterior movimiento que la haga a un lado o por la seguridad de que su flácida aptitud política se concilia con ser ficha de un ajedrez.
Lo cierto es que dejó al descubierto sus limitaciones y que su caso va a abonar el desprestigio de la política y a profundizar el descreimiento en la Asamblea Legislativa en cuya historia abundan los diputados ignaros.
Inadmisible resultaría imponer barreras a su llegada al Parlamento siendo el nuestro un régimen de democracia popular y representativa en el que para llegar a él solo se exige ser ciudadano en ejercicio, costarricense de nacimiento o por naturalización y con mayoría de edad.
De ahí la llegada de gente de todo pelaje, inteligentes y torpes, astutos y romos, de innata habilidad política unos y verdaderas dantas políticas otros.
En los anales del Congreso figuran “los Hermenegildos”, mote que recibieron diputados de origen campesino, de muy elemental formación cultural y dóciles a la hora de agacharse, según los intereses del momento.
También hubo diputados conscientes de sus limitaciones; uno de ellos recriminó a otro igualmente oriundo de zona rural, por permanecer siempre callado. “Vale más tonto callado que tonto hablando” fue su ingeniosa réplica.
Bien podría ser que la isquemia política exhibida por la nueva legisladora ramonense resulte ser un mal muy extendido, aunque soterrado, en la próxima Asamblea. Partidos políticos abatidos por crisis sin precedentes y de cuyas cúpulas se han ausentado las figuras protagónicas de prestigio y con autoridad, en los que también se han subestimado los valores para dejar abiertos los espacios a elementos que en otros tiempos hubiesen recibido el portazo de las asambleas nacionales, están accesibles a la llegada de personas que no abonan la calidad ni el decoro del Parlamento.
Ojalá la pequeña cantidad de legisladores electos que sobresalen desde ya por sus notas, pueda hacer de la que viene una Asamblea apta para entender la compleja realidad política, social y económica por la que se está adentrando el país y que plantea todo un desafío por lo que respecta al esfuerzo ciclópeo requerido para sacarlo del atascadero en que está.

Álvaro Madrigal