Marcello Pignataro

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Lunes 8 Septiembre, 2008

(In) Seguridad

Marcello Pignataro
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Hoy voy a darme un descanso y no escribiré mi columna habitual. Más bien voy a cederle el espacio a una persona que ya lo ocupó, en su momento, y que, sin querer queriendo, me lo heredó.
A continuación transcribo, con algunas variaciones para efectos de actualización, el último comentario que papá enviara a CANARA, el cual fue transmitido el miércoles 20 de setiembre de 2006.
A casi dos años de su publicación, no solo nada ha cambiado. Diría, más bien, que ha empeorado. Ni el cambio en la titularidad del Ministerio encargado, hace ya algunos meses, nos ha hecho sentir que, efectivamente, se está haciendo algo por corregir la situación, mitigar el impacto, prevenir la ocurrencia… Nada de nada.

Los dejo con papá.

“No resulta nada grato para ningún costarricense comprobar el deterioro que vive el país en materia de seguridad ciudadana.
La delincuencia nos ha venido robando poco a poco la tranquilidad de la que solíamos gozar hace no muchos años.
Si bien es cierto que aún no hemos llegado a los extremos en que han caído algunos países centroamericanos con motivo de la llegada de las denominadas 'maras', la verdad es que vemos día con día como los antisociales se organizan cada vez mejor para cometer sus actos ya sea contra la propiedad privada, ya sea contra personas físicas.
Ya no bastan ni siquiera las rejas y los portones de seguridad con que blindamos nuestras casas para sentirnos protegidos.
De la lectura que hacemos de los hechos nos queda claro que no hay barreras capaces de detener esta oleada de crímenes y delitos en que hemos caído.
Ni siquiera tiene sentido portar armas de reglamento para enfrentarlos, cuando se toma nota del arsenal que manejan los grupos que delinquen; en muchos casos superior incluso al de las propias autoridades públicas.
Atados de pies y manos, como parecemos estar, urgimos al Estado a hacer algo por imponer mayor respeto a la vida humana y a la hacienda de todos y cada uno de nosotros.
Es fundamental recuperar las calles de nuestras ciudades enviando más fuerza policial principalmente a los lugares definidos como más peligrosos y reforzar las leyes que sean necesarias para que, sin que esto sea lo único, las penas ayuden a desestimular a los amigos de lo ajeno.
Asesinatos, robos de autos y viviendas, asaltos a bancos, bajonazos en media calle, cadenazos en pleno centro de San José, arrebatos de celulares, robos de tapas de alcantarillas y cable de alumbrado público llenan los espacios de los medios de comunicación sin que encontremos respuestas satisfactorias de nuestras autoridades.
Por otros canales de comunicación, hemos invitado a los ciudadanos a que se organicen en sus propias comunidades como un medio de coadyuvar a las autoridades formales a solucionar este, no grave, sino gravísimo problema que vive nuestra sociedad. Una sociedad que, lejos de enderezarse, parece que cada día se enferma más buscando dinero fácil.
Costa Rica se nos está tiñendo de rojo y eso no lo podemos permitir”.