Emilio Bruce

Emilio Bruce

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Viernes 1 Julio, 2016

Su actitud de hostilidad y las manifestaciones ideológicas suyas que se leen en actas de las comisiones legislativas tienen irremediablemente un impacto desfavorable. Ninguna empresa se queda, aumenta su inversión o se establece en un ambiente hostil


Sinceramente

¡Impuestos, inversión y nuevos trabajos!


Para casi todos está claro que un país pequeño de unos cinco millones de habitantes requiere de la inversión extranjera para financiar nuevas empresas, crear nuevos puestos de trabajo y mejorar la calidad de vida para todos. Igualmente está claro que el ahorro de los costarricenses no es suficiente para empujar al país al desarrollo.
Es evidente para una mayoría de los costarricenses, que a pesar de lo que queremos a Costa Rica, de nuestros parques nacionales, de nuestros esfuerzos por ser un país menos contaminado, con mediana educación, estabilidad política y social, Costa Rica no está sola en el mundo y debe competir por el establecimiento de las empresas extranjeras que generan puestos.
Dentro de esa competencia tan fuerte, mantener una tasa de impuestos razonablemente competitiva para que el país sea atractivo a pesar de su sistema judicial lento, su infraestructura atrasada y primitiva, su educación técnica insuficiente, su Caja con largas colas y atención poco oportuna, su tramitología exasperante, sus puertos atrasados, su falta de ferrocarriles, su sistema de transporte público de personas enredado y lento, su burocracia y muchas cosas más, es una manera de compensar. Tenemos que hacer concesiones fiscales para compensar nuestras debilidades competitivas. Nuestras fortalezas no son suficientes.
Muchos hemos leído en estos días que las empresas, y principalmente las extranjeras, son unas defraudadoras y unas sinvergüenzas. Cuando se dice que el 22% de los grandes contribuyentes han dejado de pagar renta se presume que son defraudadores. Nadie va a acudir en su auxilio por la crisis económica del país. ¿No han visto la crisis que vivimos?
Voces de las alturas políticas han señalado acusadoramente a los precios de transferencia entre empresas de una corporación internacional como mecanismos de defraudación. De igual manera se acusa el “cash pooling” o sea el utilizar el efectivo de todas las subsidiarias extranjeras por parte de una corporación para financiarse donde lo requiera, como corrupción y defraudación. Se ha señalado que es defraudación fiscal que las empresas multinacionales operen en el país centros de costos.
De igual manera hemos leído, de quienes están creando el imaginario social de que la empresa nacional y la extranjera son enemigas del país, que los aportes de capital extraordinarios y préstamos de la casa matriz a sus subsidiarias son un mecanismo de defraudación fiscal. Para mi asombro alguna persona ha llegado a afirmar que no le importa la doble imposición.
Un grupo de personas en la Asamblea Legislativa y en los ministerios son del criterio de que la empresa es un mal necesario para Costa Rica. Su actitud de hostilidad y las manifestaciones ideológicas suyas que se leen en actas de las comisiones legislativas tienen irremediablemente un impacto desfavorable. Ninguna empresa se queda, aumenta su inversión o se establece en un ambiente hostil.
El país debe tomar conciencia de que Costa Rica no es una isla. Que no podemos ofrecer condiciones inferiores a las empresas en Costa Rica de aquellas ofrecidas por otros países.