Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 29 Mayo, 2014

Prolongar la huelga fue como pararse en la escoba: así no se ayuda a encontrar salida. Dejó de ser una huelga —por una causa justa— y derivó en pulso político


De cal y de arena

Huelga o pulso político

Dejó de ser una huelga —cuyo punto de partida fue una causa justa— para derivar en un pulso político con el nuevo gobierno y en una medición de fuerzas entre distintas organizaciones gremiales y sus cúpulas dirigentes deseosas de demostrar que el arrojo y la intransigencia marcan la agenda de todo grupo de presión.
A partir de esa inversión de valores la huelga del magisterio nacional perdió fuelle; la masiva simpatía nacional que desató la pertinencia de su protesta, se desplomó una vez que entre los ciudadanos se asentó el cuestionamiento de las verdaderas razones de una huelga que a poco andar ya había conseguido demostrar la procedencia de la demanda.
Lo que seguía era dar paso a la sensatez y al tiempo necesario para constatar que el expediente escogido por el gobierno para poner al día su adeudo, alcanzaba los resultados exigidos.
Prolongar la huelga fue como pararse en la escoba: así no se ayuda a encontrarle salida al lío. Y expandir la paralización del trabajo hacia otras actividades que ninguna afinidad formal o conceptual tienen con los padecimientos de un sector del magisterio, no hizo más que atizar los temores de que atrás de esta huelga “hay gato encerrado”, un objetivo político para advertirle al presidente Solís de que ellos son un poder fáctico con capacidad para marcarle la cancha. Igual que suelen hacerlo los coroneles. Ya cooptada la huelga por la contumacia, serviría también como herramienta de clase para medir fuerzas con otras organizaciones con concepciones o tendencias distintas dentro del quehacer gremial.
El precio de esta puja ha sido muy oneroso, quizás impagable. Las víctimas de la huelga irracionalmente prolongada han sido las decenas de miles de estudiantes de escuelas y colegios que han perdido el valioso tiempo que debió destinarse a su formación.
El grueso de la población costarricense percibe este dañoso legado de la intransigencia magisterial y por eso, una vez demostrada la estulticia de la cúpula, le retiró su aval a la huelga dejando al desnudo la impericia de esos dirigentes, quizá suficiente razón para dar paso allí a un proceso de cambio de timonel.
Ninguna asociación gremial puede salir bien librada tras cometer tantas y tan gravosas torpezas a la hora de defender el legítimo derecho al pago oportuno y completo del salario. Torpezas que hacen parte de un capítulo que ha servido para destapar la existencia de un mecanismo anticuado e ineficiente a la hora de confeccionar los pagos de los salarios del magisterio, aunque obviamente muy lucrativo para algunos de los muchos chupópteros enquistados en los presupuestos nacionales y que en este caso, a la sombra de la vieja y deficiente tecnología empleada para materializar el pago de los salarios del magisterio, se engulleron ¢29.000 millones girados corruptamente a personas ya muertas o jubiladas o con permiso sin goce de salario o mediante la suplantación física.
¿Y devolvieron la plata? ¡Dónde vivís para ir a dejártela!

Álvaro Madrigal