Nuria Marín

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Lunes 24 Enero, 2011


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Hu Jintao visita Washington


Las calles de Washington se tiñen de un especial colorido ante los múltiples juegos de banderas representativos de los países anfitrión Estados Unidos y su invitado de honor el presidente de la República Popular China, Hu Jintao.
Se trata de una cita en un momento crucial en las relaciones bilaterales luego de meses de crecientes e inconvenientes tensiones entre ambas naciones, suscitadas luego de la última visita del presidente Obama a Beijing en noviembre de 2009.
La visita es en sí un avance ante la solapada y siempre presente desconfianza mutua la que mal orientada o explotada por un pequeño grupo podría degenerar en una amenaza a la estabilidad geopolítica y financiera global.
Por una parte, hay grupos conservadores en Estados Unidos recientemente fortalecidos luego de las elecciones de medio periodo que quisieran desarticular el crecimiento económico de China. Por la otra, China defiende su derecho al crecimiento y al desarrollo, sin dejar de tomar en cuenta la emergencia de grupos nacionalistas que reclaman un mayor protagonismo chino en el entorno mundial.
A las presiones internas que viven ambos líderes se agregan temas bilaterales que son fuente constante de fricción. Para Estados Unidos, un tema central es la devaluación artificial del yuan, lo que significa no solo la inundación de productos chinos en su mercado sino menores posibilidades de colocar sus exportaciones en el mercado emergente más importante.
Otros temas sensibles son la piratería, el irrespeto a los derechos humanos, el creciente armamentismo chino, y la reticencia de este país a asumir un mayor protagonismo en temas como Irán, Corea del Norte y la proliferación nuclear.
Por otra parte para Hu Jintao la visita se da en un momento difícil ante la reciente designación del activista Liu Xiabo como Premio Nobel de la Paz 2010, al que se agregan el malestar chino por las ventas de armas de Estados Unidos a Taiwán, las buenas relaciones con el Dalai Lama y el respaldo al Tíbet.
Es prematuro anticipar los verdaderos alcances del encuentro cuyos frutos conoceremos tal vez en el futuro. Sin embargo hay indicios que aunque tímidos, son positivos. Para China, la visita es un reconocimiento a su liderazgo mundial, para Obama una oportunidad de lucir firme ante su contraparte china.
Otras señales positivas son las declaraciones de Hu Jintao sobre derechos humanos, una manifestación otrora impensable, la afirmación de Obama en cuanto al reconocimiento del derecho de China al crecimiento pacífico, así como el interés compartido de ambas naciones por una Península Coreana libre de armas nucleares.
Más allá de los hechos la visita evidencia un claro entendimiento de ambos líderes en cuanto a la necesidad de no escatimar esfuerzos para tratar de dirimir las divergencias, mantener abierto el diálogo y asumir los retos actuales con un enfoque de responsabilidad como piedras angulares para el mantenimiento de la paz, la seguridad y la prosperidad internacional.

Nuria Marín Raventós