Iris Zamora

Iris Zamora

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Sábado 3 Septiembre, 2016

Lo siento, por favor perdóname, te amo, gracias

…DESDE MONCHO

¡Ho Oponopono!…

Fue una semana dolorosa, no suele ocurrir tan a menudo, pero las notas “rojas” golpearon nuestro espíritu, me atrevo a decir que el de la colectividad.

No era posible siquiera leer la nota, no hizo falta. No supe cuánta rabia llevaba adentro, hasta llegar a casa, y escucharme decir, que en situaciones tan dramáticas es donde se justifica la pena de muerte. Todo crimen contra un ser humano es abominable, pero contra un niño, una niña, aviva lo peor de nosotros… quizá es el miedo de que el crimen se hubiese perpetrado contra alguno de nuestra familia.

No dejé de recordar Lucas 17:2 donde Jesús advierte sobre las consecuencias de hacer daño a los niños. Buscaba en mi mente, que Jesús asumiera el castigo contra el criminal detenido como sospechoso... ¿Justicia, o venganza?

Realmente no tenía paz, mi espíritu se había alterado. Un conocido mantra empezó a ponérseme por delante “Lo siento, por favor perdóname, te amo, gracias”…

…No, no era posible, yo no era responsable del crimen del autor. Yo no podía asumir esa responsabilidad… Intenté hacer mil cosas, hasta que agotada opté por orar por esa madre, el padre, la familia, para que tuviesen al menos el consuelo de la solidaridad. Mi corazón suplicó por que Kendall no hubiese sufrido demasiado…

Morrnah Natamaku Simeona es la promotora del Ho Oponopono, esta sanadora técnica que los hawaianos llaman arte. Debe serlo. Traje al presente la experiencia del Dr. Ihalea Kala Hew Len en un pabellón del Hospital Estatal de Hawái, con criminales de alta peligrosidad… me recordó que todos tenemos responsabilidad de todo. Todos somos cada uno, cada una; unas y otros somos Todos.

Su experiencia es realmente asombrosa. Este Hospital albergaba a los más peligrosos psicópatas asesinos. Nadie quería trabajar ahí. Explica el Dr. Len que los pocos empleados que quedaban, caminaban pegados a las paredes por miedo a ser agredidos. Cuando él llegó al Hospital pidió una oficina, y los expedientes de todos los internos. Cada día llegaba, cerraba la puerta y revisaba los expedientes. Algún jefe se acercó a preguntarle que cuándo le llevaban los pacientes, él les dijo que ya los estaba atendiendo. Ninguno había llegado a su consultorio.

El Dr. Len utilizó la técnica de Simeona. El Ho Oponopono… Reconoció que él tenía responsabilidad en la conducta delictiva y perversa de los internos. Se concentraba en cada expediente, por horas mirando aquellos rostros degradados, y observando el historial de sus crímenes, les decía, sintiendo cada palabra “lo siento, por favor perdóname, te amo, gracias”. Un mes después, los que estaban encadenados, podían circular libremente, a otros se les redujo la medicación, los que nunca serían liberados, lo fueron. De pronto médicos y enfermeras buscaban trabajo en ese Hospital. Todo había cambiado. Cuatro años después ese pabellón fue cerrado hasta la fecha…

…Me dirán que es una locura, que no se puede perdonar una atrocidad de esa naturaleza, que eso sería un mensaje equivocado a los depravados, a los criminales…Que es fácil, cuando uno no es la madre, el padre o los familiares del niño… No, no es fácil, lo he intentado, y me detengo en, Te amo…

¿Pero acaso yo no quería matar también al asesino? … ¿Cuántos querían pena de muerte contra él?...

El Ho Oponopono es un mantra liberador. Nos transforma, desarrolla nuestro potencial y energía buena, porque, todas, todos estamos conectados, porque todo se comunica entre sí… Somos responsables unos de otros. El perpetrador no es de Júpiter, o Marte, es tico… es el resultado de lo que somos…

Me encanta, como a millones de personas, “Imagina” de Lennon… “imagina a todo el mundo compartiendo el mundo”… ¿Es posible imaginarlo? ¡Entonces es posible!

La compasión de la que habla el Dalái lama, transforma al igual que la misericordia de la que habla el papa Francisco: “Misericordia significa abrir el corazón al miserable… misericordia es la actitud divina que abraza, es la entrega de Dios que acoge, que se presta a perdonar”… la verdad es que ambas, la Compasión y la Misericordia, traducen el Amor… Somos Kendall y el perpetrador.

Si queremos ser liberados de esta tragedia que aún no comprendemos, debemos entonces, aceptar que nuestros actos u omisiones, conducen a atrocidades de esta enormidad… no, no es fácil aceptarlo…

Merecemos ser sanados… merecemos misericordia y compasión. Jordi Campos Mendoza lo siento, por favor perdóname, te amo, gracias.