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Sábado, 28 de mayo de 2022



COLUMNISTAS


Hijos vs. compañeros de cuatro patas

Marilyn Batista Márquez mbatista@batistacom.com | Miércoles 02 marzo, 2022


El mes pasado, el Papa Francisco, durante la primera audiencia nacional del año desde el Vaticano, arremetió contra las personas que prefieren tener mascotas en vez de hijos, llamándolas egoístas. Pocas veces he estado en contra de la posición del Papa Francisco, una de las personas de trascendencia internacional que más estimo.

Traer hijos al mundo para no “quitar humanidad” a las personas, como afirmó el Papa, me parece que es un argumento irresponsable (perdón Francisco, por ser sincera). Los hijos deben planificarse con la total certeza de que serán atendidos, cuidados, educados y amados por siempre.

Admiro a las mujeres que no han querido tener hijos, y han utilizado métodos anticonceptivos para evitar embarazos no deseados, y con ello no practicarse un aborto, con consecuencias irreversibles. La mayoría de ellas evitan la concepción, no por razones egoístas de compartir pan, techo y amor, sino por estar conscientes de que la responsabilidad del cuido y educación de los menores de edad es una carga pesada, que en muchas ocasiones se hace en solitario. Ellas saben que no se puede escapar de la responsabilidad del mañana pensando solo en el hoy.

Pero si lo hacen por razones personales –y egoístas–, por ejemplo, de querer terminar una carrera profesional, ocupar un alto cargo laboral, y hasta ¡no querer arruinar su cuerpo!, las sigo respetando, porque “en una época de engaño universal decir la verdad es un acto revolucionario”. Entendamos, ¡no le interesa ser madre!, lo cual no es un sacrilegio, sino una decisión responsable. ¿Acaso cuestionamos a las monjas que deciden no tener hijos por razones de religión?

No voy a dejar a un lado a los hombres. Mi deferencia a los que no quieren tener hijos, porque su prioridad es comprar un carro deportivo, el apartamento minimalista frente al mar y viajar. Ellos pueden dejar al gato o al perro varios días con comida y agua, y a una vecina encargada de “echarle un ojo”, algo que no podría hacer con un bebé, que probablemente vea dormido en la noche y algunas horas los sábados y domingos. Podrían ser tildados de materialistas, egocentristas, inmaduros; yo los llamo honestos y la honestidad es una buena herramienta para prevenir errores y fracasos. ¿Acaso repudiamos a los sacerdotes que deciden no tener hijos al someterse al sacramento sacerdotal de la iglesia católica?

A un animal doméstico puedes entrenarlo por determinado tiempo, que generalmente no es más de un año. Puedes enseñarle a comer, a caminar con hidalguía, a “darte la patita”, a hacer piruetas y defecar en el patio, pero a los hijos hay que educarlos y cuidarlos continuamente, hasta la mayoría de edad en que pueden ser legalmente responsables de sus actos. Y después en que se convierten en hombres y mujeres, aún con canas, bigotes y arrugas, seguimos velando por ellos. Los perros y gatos tienen un promedio de vida entre 10 a 18 años, un perico de 5 a 8 años, el conejo 9 años, y el promedio de vida de los hijos para una madre es hasta que ella muera.

Los perros y los gatos no son sustitutos de niños y niñas, ya que la responsabilidad de su cuido es incomparable con las dirigidas a mascotas. Si bien es cierto que los seres humanos podemos establecer profundos vínculos con nuestros compañeros de cuatro patas, esto no implica la sustitución de la persona por la mascota. Hay quienes no tienen hijos, y tampoco mascotas, quienes tienen hijos y mascotas y los que tienen mascotas y no hijos. Estos últimos optaron compartir sus vidas con algún animalito porque es el ser con vida de quien puede responsabilizarse. Pueden amarlo con todo su corazón, pero conscientes de que el tiempo junto a ellos es efímero y que su obligación hacia ellos (amor, techo, cuidado y seguridad) nunca incluirá ropa, tutores, universidad, auto, ropa y boda, entre otros.

Me parece que los líderes religiosos, -y los políticos- deben preocuparse realmente por la sobrepoblación, que incide en la disminución en la calidad de vida y situaciones de hambre y conflictos, problemas económicos, agotamiento de los recursos energéticos y naturales, aumento de la contaminación, riesgo de animales y plantas en peligro de extinción.

Fomentemos que los hombres y las mujeres expresen sus deseos sobre fecundación, control de natalidad y planificación familiar, para que tomen con claridad, y libre de prejuicios, una decisión que puede cambiar sus vidas para siempre.

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