Heredamos un tesoro
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Costa Rica tiene una solución que desearan la mayoría de las naciones: bajar su factura petrolera, sustraerse a las luchas por el oro negro y paliar las alteraciones del cambio climático

Heredamos un tesoro

La violencia desatada en Libia, pero sobre todo la lucha entre los opositores y seguidores del líder Muamar al Gadafi por apropiarse del puerto petrolífero de Briga, han impulsado esta semana la escalada que el crudo inició a finales de enero, con la revolución en Egipto.
Ayer jueves, el petróleo de la OPEP alcanzó los $110,84. En Nueva York el barril de Texas sobrepasó los $100 por primera vez desde setiembre de 2008, mientras en Londres el Brent terminó la sesión a $116,35.
Sin duda estas alzas se harán sentir en el precio de la electricidad, que podría aumentar próximamente, no solo en Costa Rica sino en el planeta entero.

El pasado 15 de febrero, la directora de la Organización de Naciones Unidas para el Cambio Climático, la costarricense Christiana Figueres, lanzó una alerta acerca de que Latinoamérica podría quedarse estancada en tecnologías energéticas obsoletas, a pesar de ser una región riquísima en recursos naturales de los que puede “sacar provecho” en la reducción de gases contaminantes.
Lo anterior, como exhortación a que el continente latino comience a implementar los acuerdos logrados en la conferencia del clima en Cancún, en diciembre de 2010.
Las experiencias de los dos últimos años dejaron en evidencia la alta vulnerabilidad a las modificaciones del clima que presentan América Central y Suramérica, por lo que resulta urgente establecer y sobre todo cumplir programas integrales que permitan a Costa Rica paliar las consecuencias inútil ya tratar de suprimirlas del cambio climático.
Así, mientras el oro negro va mostrando cada vez más su rostro menos atractivo, al ocasionar contaminación, pugnas internacionales y volatilidades, el oro verde, del que tanto abundamos, no solo es menospreciado sino incluso devastado en estas tierras bendecidas por la Naturaleza.
Tiene Costa Rica en sus manos una solución que deseara la mayoría de las naciones. Puede reducir considerablemente la factura petrolera nacional, sustraerse a los complots políticos engendrados por el oro negro y, además, heredar herramientas eficaces a sus futuras generaciones para que puedan afrontar las alteraciones climáticas.
No pueden la comunidad costarricense, instituciones estatales ni grupos de intereses particularistas, retrasar la producción de energía limpia, hipotecando la estabilidad económica y social.
No tiene por qué el país enfrascarse en una lucha contra la Naturaleza, con la cual nuestros aborígenes supieron mantener una relación ejemplar, de la que somos orgullosos herederos.




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