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Los adolescentes y jóvenes “nini” (ni estudian ni trabajan), a quienes el desempleo, personal o de sus padres, arroja a las calles, son presa fácil del ambiente, donde delinquir es ya una forma de subsistencia

Hay que alejarse del abismo

La violencia y el crimen, así como el uso y tráfico de drogas, fueron señalados por el 47% de las personas, como el principal problema del país, de acuerdo con la última encuesta de CID Gallup para LA REPUBLICA.
Con esos datos se inicia una nota de este medio hoy, revelando cifras que indican cómo ese grado de inseguridad de la ciudadanía ha crecido. En mayo del año pasado era un 33% de la población el que ubicaba ese grave problema como el máximo reto para las autoridades.
En aquel momento aún había esperanza de que la presidenta Chinchilla se abocara realmente a crear una policía muy bien entrenada física y mentalmente y capaz de enfrentar al hampa y ganarle la batalla.
Por otro lado, “entre 1998 y 2010, los asaltos, las violaciones, los homicidios y los delitos relacionados con el narcotráfico, quedaron impunes en el 97% de los casos, de acuerdo con Juan Diego Castro, exministro de Justicia, que realizó un análisis de la información criminal”, dice nuestra nota.
Hoy, incluso, vivimos situaciones tan insólitas e inaceptables como el robo esta madrugada de 215 armas recién compradas y que permanecían en las bodegas de la Dirección General de Tránsito, sin que siquiera se hubiera puesto sobre aviso a la empresa privada que brinda los servicios de seguridad a la misma, de que esas armas se encontraban ahí.
Los que pareciera que sí estaban bien informados de ello, a juzgar por lo sucedido, fueron los hampones, que hasta se dieron tiempo de retirarlas de los estuches antes de llevárselas.
Los delincuentes que deberían estar recluidos en las cárceles andan en las calles en libertad y se mueven atacando a cualquiera para robarle, en algunos casos, unos pocos colones. No ha faltado quien pierda la vida por una bicicleta o por mucho menos.
Costa Rica está en situación sumamente delicada y dependerá de la voluntad del gobierno que caiga hacia el extremo en que se encuentran otros países, como México, por citar uno, o que tome medidas, sin perder más tiempo, para contar con una policía profesional, insobornable y muy bien entrenada, capaz de enfrentarse al hampa con éxito.
Desde otro ángulo del grave problema, pareciera que la familia ha dejado de ser en gran medida transmisora de valores y, despojados de ellos, los adolescentes y jóvenes “nini” (ni estudian ni trabajan) a quienes el desempleo, personal o de sus padres, arroja a las calles, son presa fácil del ambiente, donde delinquir es ya una forma de subsistencia.
¿No es esto una emergencia nacional? ¿No merece atención como tal?







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