Carlos Denton

Carlos Denton

Enviar
Miércoles 10 Noviembre, 2010


Hay dos categorías de presidentas


Ya ha habido varias presidentas en América Latina, y estas se pueden dividir en dos categorías. Primero están las que han llegado por sus méritos propios; Laura Chinchilla, Michelle Bachelet, y ahora en Brasil Dilma Rousseff. Después están las que ascendieron por su relación con otra figura famosa de su país; Isabel de Perón y Cristina Fernández, Mireya Moscoso y Violeta de Chamorro. En general se puede decir que a las que componen el segundo grupo no les ha ido tan bien como a las primeras.
Es difícil generalizar sobre Chinchilla, Bachelet y Rousseff porque solo la chilena ha terminado su periodo constitucional, y la brasileña no se ha juramentado aún. Bachelet se desempeñó bien, y Chile avanzó adecuadamente en su trayecto hacia su meta de convertirse en el primer país latinoamericano de poder categorizarse como “desarrollado.” Además pudo ella sanar más de las heridas creadas durante la dictadura militar de Augusto Pinochet.
Se dice que cuando surge una crisis se revela la capacidad real de una líder. En estos días la presidenta costarricense está enfrentando desafíos sumamente complicados en dos frentes. Por un lado está la situación con Nicaragua, que no tiene mucho que ver con los hechos en sí (la ocupación equívoca de territorio costarricense) y más que todo tiene sus raíces en la perspectiva bifurcada “admiración/resentimiento” que tienen los pobladores del país del norte. Los nicaragüenses racionalmente saben que Costa Rica está mucho más adelante de ellos en cuanto a su desarrollo, pero emocionalmente resienten ese hecho.
Por el otro lado está el colapso infraestructural que verdaderamente no tiene mucho que ver con el huracán Tomás y más que todo se produce después de tres décadas de prioridades mal puestas, triquiñuelas políticas con los recursos y la corrupción en la ejecución de las obras.
Es probable que los próximos 60 días y el manejo de estas dos crisis definan a la administración Chinchilla en la opinión pública nacional e internacional. Si ella ahora lograra la unión de sus compatriotas, es posible que el país salga mejor que nunca en el año venidero. Ojalá que los diputados entiendan esto y superen las riñas de siempre para poner los recursos restantes del préstamo del BID para infraestructura a la orden del Poder Ejecutivo en vez de mantenerlos sujetos a sus intereses parroquiales.
¿Y qué decir de los gobiernos de las dos argentinas, la panameña y la nicaragüense? Los años de doña Violeta fueron sumamente difíciles y afortunadamente tuvo en la persona de Antonio Lacayo una persona que pudo “resucitar al muerto” que había dejado Daniel Ortega después de diez años de incompetencia absoluta. La presidenta Fernández tuvo hasta la semana pasada en la persona de su esposo una figura que pudo ayudarla en los momentos más difíciles. Sobre las otras dos —Isabelita y Mireya— no hay mucho que decir.
La presidenta Chinchilla actualmente es calificada entre las 100 mujeres más poderosas en el mundo; esto según una edición reciente de la revista Forbes. Esto es algo insólito para un país de apenas 4,3 millones de habitantes con una economía del tamaño de una ciudad de mediano alcance en Norteamérica o Europa, sin ejército, y con poderes limitadísimos a merced de la Constitución Política. Le deseo a ella éxitos en estos días de crisis nacional.

Carlos Denton
[email protected]